Germán Umaña Mendoza
columnista

Newton y la verdad

Es inmenso el crecimiento de la masa de los que confiesan sus atrocidades.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
mayo 29 de 2019
2019-05-29 09:25 p.m.
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En economía internacional usamos el ‘modelo gravitacional’ para medir el impacto que sobre una variable dependiente (comercio, inversión, verdad, justicia, reparación) tienen otros factores considerados independientes. Este sistema, tiene su “analogía en la ley de gravitación universal de Isaac Newton, que establece que la fuerza con que se atraen dos cuerpos tiene que ser proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional a la distancia que los separa”.

Generalmente, explica con propiedad lo que ocurrió con el comercio o la inversión extranjera en el mundo, cuando, como variables independientes, se utilizan los tamaños del PIB total, o el percápita, o de la población y, como explicación de la distancia, se manejan las bases de datos multilaterales sobre distancia geográfica, fronteras comunes, acuerdos de integración o idioma. Lo que no se puede explicar se incluye en los modelos como factores exógenos que dependen de las políticas comerciales o de inversión.

Lógicamente, cuando se liberalizan todos los factores y se eliminan las restricciones de las políticas, el modelo funciona casi a la perfección para explicar el comportamiento de la variable dependiente. Teóricamente es bastante consistente y ayuda, como todos los modelos matemáticos en economía, a explicar la realidad, pero, claramente no la sustituye ni nos dispensa de analizar lo que son las distorsiones introducidas por las políticas económicas o sociales que se adelanten.

Supongamos que en Colombia y como producto de las negociaciones de paz, queremos medir la evolución de la verdad como variable dependiente. Parecería evidente que en la medida en que aumenta la masa de ciudadanos que decide acudir a manifestarla (léase: organizaciones de la sociedad civil, víctimas, desplazados por la violencia, ‘parapolíticos’, guerrilla, Estado y fuerzas militares, y financiadores del conflicto), nos acercamos al conocimiento de la verdad.

Y sí, de otra parte, se crean instituciones independientes que reciben sus testimonios (Comisión de la Verdad, Justicia Especial para la Paz, organizaciones de la sociedad civil, centros independientes de rescate de la memoria histórica), no solo crece la información que nos acerca a la verdad, sino que disminuye la distancia y, su correlación positiva se vuelve evidente.

Sin embargo, en el otro extremo hay factores políticos que desvirtúan esa correlación: los que quieren acabar con los acuerdos, eliminar los defensores de derechos humanos, los que se niegan a restituir las tierras obtenidas por el ejercicio de la violencia, beneficiarios de la guerra, actores de delitos de lesa humanidad. Son los menos, pero poderosos. Son los que proponen volver al oscuro pasado. Son los verdaderos dueños y los promotores de la impunidad.

Es inmenso el crecimiento de la masa de los que confiesan sus atrocidades, son importantes las instituciones que se crearon para responder al esclarecimiento de la verdad. Son tan pocos los que impiden ver la luz y sería tan sencillo arrinconarlos en democracia y proponerles que se acojan a los mecanismos de la justicia transicional, aún a costa de otorgarles un alto grado de impunidad.

Nunca habíamos estado tan cerca de la verdad y en consecuencia de la justicia, la reparación de las víctimas y la no repetición.

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