Germán Umaña Mendoza
columnista

Pendulares e ingenuos

La derecha se organizó y le va bien. Su discurso es consistente: Tradición, religión, familia y defensa irrestricta de la propiedad.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
octubre 31 de 2018
2018-10-31 08:18 p.m.
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Suramérica gira a la derecha (Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia, Paraguay) y Estados Unidos es de derecha. La evolución en el inmediato futuro ratificará esa tendencia: se fortalecerá el dominio de los republicanos en Norteamérica; Ecuador, poco a poco pasará de Lenin a Hayek; en Bolivia seguirá desgastándose Evo, que no cree tener sucesor ni líderes que continúen su proyecto, y en Venezuela, hasta ahora, un camino inexorable hacia lo desconocido, cada vez más oscuro e incomprensible. Las excepciones: México, donde gobernará un presidente que se dice de izquierda, amanecerá y veremos, y el soñado Uruguay, donde el ejemplo de un hombre sabio los regresó a la cordura.

La derecha se organizó y le va bien. Su discurso es consistente: Tradición, religión, familia y defensa irrestricta de la propiedad. Una mezcla desconcertante de organizaciones: protestantes, católicos, supremacistas, homófobos y xenófobos, privatizadores, neoliberales, machistas, hastiados de la política, adictos a las ‘falsas’ noticias en internet, fanáticos de la seguridad y de la libertad de comprar armas, militantes de la anticorrupción, los que no creen en nada, los que consideran que cualquier cosa es mejor, los que ya no les importa dar un salto al vacío, los que no entienden nada.

La izquierda, después de más de una década de haber ejercido el poder con logros incuestionables en materia social, disminución de la pobreza, aumento de la cobertura y financiación de la educación pública, respeto a los derechos de las minorías y, tantas cosas más, demostró su incapacidad para hacer de su modelo una alternativa sostenible, creadora de riqueza social y ciudadanía, se ahogó en un mar de corrupción en muchos de los países. Mataron la ilusión de sus seguidores, los condenaron a volver al pasado y la sanción de la población no se hizo esperar. Se la merecen por partida doble: nos engañaron y nos expropiaron la esperanza.

Pero el remedio resulta, al parecer, peor que la enfermedad: en el otro extremo del péndulo viviremos nuevamente la ola de privatizaciones de los bienes públicos, el abuso de las prácticas anticompetitivas de las grandes empresas, con el perverso discurso de la ‘seguridad jurídica’, cierta inversión extranjera arrasando con la sostenibilidad y los recursos naturales, aumento de las licencias para su explotación porque el suelo es de las regiones, pero el subsuelo de la Nación, de las multinacionales y de las grandes empresas.

Adicionalmente, ajustes fiscales, censos e identificación de los más pobres para atarlos eterna y políticamente a los subsidios (carné de la patria), narcotización de las agendas y descertificaciones en la lucha contra el flagelo universal de las drogas, seguridad democrática para estigmatizar y judicializar la protesta social, los corruptos de ‘cuello blanco’ otra vez al poder y a los ministerios, ocultamiento de la verdad, debilitamiento y ausencia de la justicia, eutanasia a la verdad evitando cualquier intento de rescate de la memoria histórica.

Y, ¿nosotros qué? “Aquí estamos y aquí nos quedamos”. Constantes y coherentes en perseguir la utopía: creyentes en una economía social de mercado, enemigos del capitalismo salvaje y de toda forma de corrupción, defensores de los derechos humanos fundamentales. Aunque escépticos, sigue vigente la esperanza de que algún día en nuestros países se imponga el interés común sobre el particular. Mientras tanto: ‘vino nuevo en odre viejo’.

Germán Umaña M.
Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com

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