Germán Umaña Mendoza
Columnista

Soluciones existen pero….

En lo nacional es indudable la necesidad urgente de una reforma tributaria y todos parecerían estar de acuerdo en que debe ser progresiva.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
junio 09 de 2021
2021-06-09 08:30 p. m.
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Nos preguntamos qué pasaría si hiciésemos abstracción de los intereses políticos en el marco de la crisis y si fuésemos capaces de proponer soluciones colectivas, como si fuésemos una sociedad civilizada y respetuosa de los derechos y las obligaciones colectivas.

La economía nos enseña que los recursos son limitados, pero también cómo una correcta distribución nos permitiría dar respuestas a la coyuntura. Es perentorio adoptar prioridades de mediano y largo plazo que confluyan en el fin último de asegurar el desarrollo y la sostenibilidad.

No nos engañemos, la institucionalidad de una democracia imperfecta se encuentra en graves dificultades y no permite responder a lo complejo.

Existen carencias en los diferentes niveles de la administración pública tanto en el las instituciones nacionales como regionales, municipales y locales. La pregunta fundamental es si con lo que existe tenemos la capacidad de reorientar nuestras prioridades. Es evidente la ineficiencia en la distribución de los recursos donde un porcentaje inmenso se encuentra signado por las prácticas corruptas y la incapacidad burocrática.

En lo nacional es indudable la necesidad urgente de una reforma tributaria y todos parecerían estar de acuerdo en que debe ser progresiva, eliminando las injustas dádivas de las anteriores y ampliando su espectro a los rentistas que nunca han tributado o tributan poco.

En lo regional y especialmente en ciudades como Bogotá, Cali y Medellín, la estrategia de combinar los recursos propios con las transferencias obligatorias de la nación, respondiendo a los resultados de los diálogos con la ciudadanía en materia de empleo, ingreso básico, educación, fortalecimiento y protección a la generación del tejido empresarial generador de bienes y servicios así como inversión en infraestructura, parecería orientarse en el camino correcto.

En los municipios y departamentos más pobres debería aplicarse el principio de solidaridad priorizando transferencias mayores, eso sí condicionadas y tuteladas por la sociedad civil organizada, para que los recursos no queden en poder de la corrupción de la política.

El paro y la rebelión de las comunidades olvidadas liderados por una juventud que espera y desespera no es una anécdota. Los diálogos con lo local sin compromisos concretos en el corto plazo, harán imposible detener los justos reclamos de los olvidados.

Respuestas como la represión del estado, militarizar el país, negar el camino hacia la paz, violar los derechos humanos, solo conducen a ponernos en la mira de las instituciones multilaterales como violadores de los derechos fundamentales.

La reorientación de los recursos como las regalías, la tributación progresiva, la eliminación de subsidios caracterizados por la parafiscalidad, la descentralización con control a la corrupción y la veeduría legítima de la nueva organización social, es urgente y necesaria.

No nos inventemos más conspiraciones externas para explicar la dolorosa realidad que nos aqueja. La “calentura está en nuestras sabanas”. Otra cosa es replicar el camino de la violencia y debilitar aún más el rumbo hacia una democracia real.

Germán Umaña M.
Profesor.

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