Germán Umaña Mendoza
columnista

Son tiempos de turbulencias

Son tiempos de turbulencias que exigen repensar la globalización y dotarla de un verdadero rostro humano.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
febrero 27 de 2019
2019-02-27 08:34 p.m.
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En el marco de la globalización que se vivió con toda su intensidad hasta finales del siglo XX, se produjo un progreso inusitado, la tercera revolución industrial y se evolucionó en términos del derecho de propiedad, pasando del pensamiento de que el desarrollo científico, el artístico y cultural, era un patrimonio de la humanidad, a la privatización y mercantilización del progreso técnico.

Aunque se continuaron respetando los derechos morales sobre la propiedad intelectual, los patrimoniales se convirtieron en una simple mercancía, en los cuales los resultados de la investigación, la innovación y la creación se convirtieron en patentes y derechos de autor, con base en los cuales se otorgaron derechos monopólicos que limitaron el acceso al progreso técnico.

Los resultados en el marco multilateral se hicieron rápidamente evidentes y causaron convergencias y divergencias en el desarrollo de las regiones y las naciones. La verdad, se podría pensar, que por lo menos en cuatro aspectos la limitación al acceso a los beneficios descritos han significado graves problemas de equidad, como la soberanía y seguridad alimentaria y el acceso a la salud, educación y cultura.

En el sector agropecuario, el poder monopólico y de mercados que se otorgó a las empresas multinacionales ha disminuido la posibilidad de fortalecer la soberanía alimentaria. Lo mismo ocurre con el acceso a los medicamentos en la salud, al conocimiento en la educación o en la cultura, que son ahora servicios, mercancías y no derechos fundamentales, a los que solamente acceden los que pueden pagar.

La verdad es que ocurre todo lo contrario a lo que enseña el paradigma económico dominante: la oferta, la demanda y el equilibrio en la fijación de precios no existe, es pura y llanamente competencia imperfecta, donde abundan los abusos de poder de mercado y las prácticas anticompetitivas. Lo mismo sucede con las limitaciones a la libre circulación de factores en los servicios financieros y de telecomunicaciones y la denominada ‘seguridad jurídica’ a las inversiones, con la resolución de controversias en tribunales de arbitramento que basan sus decisiones exclusivamente en lo suscrito jurídica y económicamente y no en las necesidades reales de las sociedades, ni en la contribución a la paz social y la eliminación de la pobreza.

La brecha entre los más ricos y los más pobres aumenta, en el medio las clases medias, a veces ascendiendo y la mayoría de los casos precarizándose. Lo que está en cuestión es un orden económico que debe ser revisado, para generar convergencias y mayor incorporación a la demanda. Si algo se demostró es que el desequilibrio en la distribución de los inmensos beneficios de la globalización ha profundizado los conflictos sociales, la migración, la xenofobia, el proteccionismo y la desigualdad.

La solución no son los subsidios y los populismos, es necesario incorporar a los perdedores de la globalización al desarrollo sostenible, a satisfacer sus derechos fundamentales, a la dignidad del trabajo formal. No es posible que la alternativa sea la de promover el nuevo esclavismo de la prestación de servicios, eficientes sí, pero sin ningún derecho para los que los ejercen. Son tiempos de turbulencias que exigen repensar la globalización y dotarla de un verdadero rostro humano.

Germán Umaña M
Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com

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