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Germán Umaña Mendoza
Columnista

Sueños de integración

Debe abrirse la frontera entre Norte de Santander y Táchira para la mejora de las condiciones sociales de disminución de pobreza. 

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
junio 01 de 2022
2022-06-01 10:16 p. m.
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Son muchos los retos que esperan al nuevo gobierno colombiano y tal vez uno de los más urgentes a resolver es el nudo gordiano de las relaciones con Venezuela, tanto en lo pertinente a las relaciones económicas, fronterizas y comerciales, como las del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y consulares.

Venezuela durante el año 2021 y 2022 y después de una caída abrupta en su producto interno bruto en los últimos cinco años, muestra una relativa estabilización e inclusive un crecimiento moderado, así como reformas importantes en lo pertinente a su política económica y específicamente en lo comercial y cambiario, lo que ha significado una recuperación en su comercio exterior, tanto de importaciones como de exportaciones y, por supuesto en el incremento de la oferta y demanda de bienes con Colombia.

A pesar de continuar cerrada la frontera entre Táchira y Norte de Santander el comercio binacional legal ha mostrado una importante recuperación y pare este año se espera alcanzar un total que fluctuara entre 800 y 1.200 millones de dólares, lo cual ratifica tener una esperanza moderada en su positiva evolución.

Todo lo anterior muestra como a pesar de las dificultades y los desencuentros, la evolución positiva que se plasma en el comercio y las reglas de juego, hacen inevitable la existencia de un círculo virtuoso en la relación entre los dos países.

En primer lugar, debe abrirse la frontera entre Norte de Santander y Táchira para el transporte terrestre, no solamente por el bien del comercio y los servicios, sino fundamentalmente para la mejora de las condiciones sociales de disminución de la pobreza, promover el empleo, disminuir la informalidad, mejorar la seguridad, atacar todo tipo de prácticas ilegales y promover el desarrollo y la complementación productiva, así como fortalecer el camino de la integración binacional. En segundo término, es indispensable activar las relaciones consulares puesto que la desprotección de los ciudadanos de Venezuela en Colombia y de colombianos en Venezuela es evidente y se encuentran condenados a la soledad.

Por último, la reanudación de las relaciones diplomáticas será necesariamente producto de una negociación que deberá rescatar la institucionalidad y convenios que impliquen seguridad jurídica en las relaciones económicas, el respeto por los derechos humanos, el combate a la criminalidad y la promoción del desarrollo y la sostenibilidad que signifique en la realidad el camino a la mejora en el bienestar de los ciudadanos de los dos países.

Si la cordura existe, parecería que el futuro es promisorio. Bastaría con utilizar la diplomacia para aquello que realmente se creó: tramitar las diferencias y los desacuerdos entre las naciones.

En esta tarea de construcción la CCV continuará acompañando a los agentes económicos y sociales en el noble objetivo de restablecer la confianza, el respeto y la cooperación, reiterando su vocación de integración, tal y como lo ha realizado durante sus 45 años de existencia.

Germán Umaña M. 

Presidente Ejecutivo CCV. Editorial Revista ‘Coyuntura Económica Colombia y Venezuela’.

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