Germán Umaña Mendoza
Columnista

Todo nos da lo mismo

En Colombia, la desigualdad y la inequidad en la distribución del ingreso no significan nada o casi nada.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
julio 31 de 2019
2019-07-31 10:00 p.m.
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La realidad de nuestro país muestra comportamientos que son difíciles de entender cuando se observan sin prevenciones desde la barrera. Son hechos tozudos que desconciertan.

Parecería que en Colombia existen los “intocables” que tienen patente de corso para dirigir empresas “criminales” que van desde el despojo de tierras con estructuras genocidas que han generado muerte y desplazamiento y las que en muchas regiones de nuestra geografía siguen vivas, asesinando impunemente líderes sociales o provocando desplazamientos masivos.

Esos “intocables” se encuentran ejerciendo como líderes de la política o las finanzas y, una y otra vez, son elegidos sus representantes en el país y las regiones, donde las prácticas electorales abiertamente corruptas o intimidatorias se repiten ante el asombro, la impotencia o la complicidad de la población.

La comedia del absurdo es infinita. Los “corruptos” confesos pagan penas irrisorias y acceden a la libertad con el pago al Estado de un porcentaje ínfimo de lo que se robaron. La fiscalía decide a quién investigar e imputar y, en general, se hace la vista gorda ante los delitos de los “intocables”, los que jamás son puestos en evidencia.

Las altas cortes no cumplen con su obligación de citar a versión libre a ciertos personajes, temen hasta a una simple declaración. La comisión de acusación del congreso es simplemente una parodia digna de un teatro de vodevil.

A lo largo de mi vida he presenciado profundas crisis en el sector financiero colombiano y los culpables de los desfalcos y los malos manejos de los dineros de los ahorradores (Fondo Premium) nunca pierden y el Estado ha rescatado los desastres que han provocado con el dinero de los contribuyentes.

Somos el único país donde la justicia no alcanzará a los verdaderos culpables de haber recibido los dineros de la corrupción de Odebrecht, donde la población en su conjunto y con sus impuestos debe pagar a los que entregaron los sobornos; donde los culpables de los delitos de lesa humanidad, enemigos de la paz, se acogen a la justicia transicional pero denigran de ella, donde los huecos fiscales de mediano y largo plazo se tapan vendiendo el patrimonio de los colombianos para soslayar el incumplimiento de las normas fiscales, manteniendo el gasto permanente y camuflando los faltantes con ingresos temporales.

En Colombia, la desigualdad y la inequidad en la distribución del ingreso no significan nada o casi nada. Eso se soluciona con mayores subsidios a los ricos y limosnas a los más pobres. Ni siquiera nos damos cuenta que acabar con las clases medias contrae la demanda interna y, por supuesto, las ganancias del futuro.

Hacemos misiones internacionales para vender lo que ya vendemos: café, aguacate, banano y commodities y para atraer la inversión de la China con toda su capacidad depredadora, tal y como se ha demostrado en la mayoría de los países latinoamericanos.

El modelo de desarrollo es simplemente promover crecimiento sin sostenibilidad. No hay que engañarse: si mañana bajan los precios de los commodities otra vez estaremos en crisis. Pero bueno, no nos preocupemos, estamos felices con el triunfo de Egan, con que le otorguen la cruz de Boyacá, pero al mismo tiempo marchamos contra los asesinatos de los líderes sociales. Pronto reproduciremos en las próximas votaciones el esquema político corrupto que nos caracteriza.

Germán Umaña Mendoza
Profesor

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