Germán Umaña Mendoza
Columnista

Vida, paz y dignidad

No es posible continuar promoviendo que los derechos fundamentales son parte del mercado y no de las obligaciones del Estado y de los gobiernos. 

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
mayo 19 de 2021
2021-05-19 10:03 p. m.
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Muchos dirán que ante la situación de profunda crisis coyuntural que vive la nación colombiana es irrelevante el análisis estructural de las causas de lo que ocurre. No creo como ellos. Es el momento de abordar la realidad que han provocado más de tres décadas de políticas que abandonaron el humanismo social, el derecho a la vida y la dignidad.

El diagnóstico es relativamente sencillo. Sin embargo las soluciones son complejas y no existen alternativas diferentes de las de lograr una verdadera concertación sobre el cumplimiento de un pacto social que promueva la paz o, en su defecto, profundizar en la infame alternativa de “tierra arrasada” en la que se produciría la rendición total en relación con los principios de la justicia social.

Y, es que la solución se encuentra plasmada en la Carta Universal de los Derechos humanos y esencialmente en algunos principios fundamentales.

“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Sí al dialogo y la concertación. No a cualquier forma de violencia, notablemente aquella que se ejerce desde el poder de la institucionalidad.

El derecho a la vida y dignidad: “Comprende el derecho a tener un empleo; un salario suficiente y justo para satisfacer nuestras necesidades y, en su caso, la de nuestras familias; a gozar de condiciones equitativas, satisfactorias y a la protección contra el desempleo, sin discriminación alguna”, las nuevas generaciones claman por la inclusión.

Los derechos a la salud y la educación: la equivocación es haber convertido estos derechos en mercancías y tratarlos como un simple servicio. Su privatización no ha logrado nada diferente a profundizar la inequidad.

¿Qué ganan los jóvenes con tener matrícula sin costo en un sistema educativo público que no asegura su permanencia y tampoco condiciones de vida mínimas para ellos y sus familias?

Y, el derecho a la salud y un mínimo Bien-Estar “implica que el Estado debe realizar las acciones pertinentes para proporcionar servicios médicos, protección económica por enfermedad, maternidad, accidente de trabajo, desempleo, invalidez o vejez”. No nos equivoquemos, lo que hoy vivimos es la ruptura del pacto social producto de una “globalización sin rostro humano”. Es necesario generar riqueza, con desarrollo equilibrado y sostenible. El estado deberá recuperar su identidad al servicio del cumplimiento de los derechos fundamentales y, de otra parte, a la promoción y protección de las actividades económicas que generen la riqueza necesaria para satisfacer las necesidades de la nación en su conjunto.

La Constitución del 91 recoge cada uno de estos postulados en lo social. No en lo económico. No es posible continuar promoviendo que los derechos fundamentales son parte del mercado y no de las obligaciones del Estado y los gobiernos.

La solución está en el rescate del humanismo social, de la vida, la paz y la dignidad.

Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario.
germanumana201@hotmail.com

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