Gilberto Caicedo Gardeazábal

Las empresas que desaparecerán

Gilberto Caicedo Gardeazábal
POR:
Gilberto Caicedo Gardeazábal
mayo 30 de 2012
2012-05-30 05:13 a.m.
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Si algo se evidenciará con la entrada en vigor del más exigente TLC suscrito a la fecha por Colombia, el tratado con los Estados Unidos, es la verdadera capacidad del empresario local para disminuir la brecha existente con sus pares americanos, que ya ven en el país un mercado adecuado, en cuanto a restricciones de comercio se refiere, para expandir aún más sus marcas y productos en la región.

De no eliminarse dicha diferencia en términos de orientación estratégica, competitividad y transformación productiva, en varios sectores de nuestra economía muchos empresarios deberán cerrar sus puertas o, en el mejor de los casos, sucumbir ante una honrosa absorción o venta de sus mejores activos.

Si bien nuestra economía no llega a ser el 2,2 por ciento del Producto Interno Bruto americano, somos, junto con Brasil, un inmejorable pivote estratégico para consolidar cualquier proyecto comercial en Suramérica, sumado a que somos el único país que no ha caído rendido, por ahora, ante la feroz e intimidante corriente socialista basada en el populismo de sus nefastas medidas económicas, las cuales siempre emergen atractivas en naciones tan desiguales e injustas como en demasía también es el nuestra.

¿Cuáles son las empresas que definitivamente desaparecerán en esta nueva etapa de nuestra internacionalización?

Primero, son aquellas que siempre sobreponen los intereses de sus accionistas o dueños en la mayor parte de sus decisiones, sin evaluar el impacto en sus clientes y/o proveedores, es decir, cuando prima el enriquecimiento empresarial de corto plazo sobre la permanencia y consolidación de largo aliento.

Originado en el pensamiento conquistador de nuestros descubridores y que desconoce la importancia del espíritu del colono apasionado por el trabajo que inspiró el emprendimiento americano, la visión cortoplacista de muchos colombianos será el detonante para el marchitamiento de sus propias compañías y proyectos.

En segundo lugar, están las empresas lentas, o peor aún, renuentes, al momento de renovar sus propios productos, servicios y procesos administrativos, que ignoran para su propio sector y en un periodo dado la frecuencia y los niveles de innovación exigidos por su cambiante y siempre insatisfecho mercado.

El rigor y la disciplina corporativa deben ser promovidas por el empresario, buscando una gestión permanente orientada a la innovación y el estudio detallado del impacto que sus productos y servicios generan en el cliente.

Otras empresas que indudablemente sucumbirán antes de la segunda o máximo tercera generación, son aquellas que vienen siendo dependientes de personas individualmente identificadas y no de sus propios valores, políticas y procesos.

Recordando que vendrán nuevos retos, como aquellos que llegarán tarde o temprano con los agresivos países asiáticos, incluyendo a China, no importa lo desafiante que sea este TLC con Estados Unidos, lo verdaderamente fundamental para la consolidación empresarial es su propia capacidad para reorientar la estrategia de negocio que busque siempre anticiparse a las necesidades del mercado.

Gilberto Caicedo Gardeazábal

Consultor corporativo

consulting@caicedoasociados.com

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