Gonzalo Gallo González
columnista

El poder de los buenos hábitos

Afirmaciones como ‘soy una buena persona’, ‘me amo’, puedo y persevero’ y ‘logro lo que me propongo’, son poderosas. Eres bien consciente de tu valía.

Gonzalo Gallo González
POR:
Gonzalo Gallo González
septiembre 05 de 2019
2019-09-05 09:25 p.m.
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Conocer el bien no implica necesariamente hacer el bien. Para realizar cambios no basta con saber algo, debes practicarlo sin cesar. No basta hacer algo a veces, la clave es practicar todos los días. La repetición es clave: Cuando haces algo una y otra vez tus vías neuronales cambian.

Se hizo un estudio en Londres: Los taxistas londinenses nuevos tenían que memorizar el mapa de Londres. Es complicado porque es una ciudad antigua y hay calles son intrincadas y complejas, como un laberinto. Durante meses, antes del GPS, ellos se pasaban meses memorizando cada calle de Londres. Se descubrió que en este período la parte del cerebro asociada con la visualización, el córtex visual, se hacía más grande. Al repetir y estudiar una y otra vez, día tras día, las vías neuronales se hacían más gruesas. Se producía un cambio en el cerebro. Después de crear un hábito algo sale de forma natural. ¿Cuántas veces le han dado a la pelota Federer o Nadal? Ahora ni piensan en mover la mano para darle. ¿Por qué? Porque de hacerlo una y otra vez se crea un hábito.

A su regreso a Colombia nuestro campeón Egan Bernal contó hechos de su vida y recordó como desde adolescente practicaba en su cicla unas siete horas diarias. Pues bien, hoy lo sigue haciendo porque es la única manera de alcanzar el éxito. Por eso yerran los que creen que las victorias son un fruto de la buena suerte. La suerte es entrenar duro, confiar, comprometerse, apasionarse, aceptar las derrotas, aprender de ellas y perseverar. Hay estudios con personas triunfadoras en distintas áreas y se calcula que en la vida le han dedicado un mínimo de diez mil horas a su afición, su sueño o trabajo. Es clave crear buenos hábitos y desechar o desterrar los negativos. Algo que pide dedicación y disciplina para poder ascender a tu Everest. Por eso se atribuye a Buda este sabio aforismo: “Sabio no es el que sabe, sabio es el que practica”.

En el proceso es vital la autoconfianza que se parece un poco al agua que corre por las tuberías de tu casa o tu apartamento. Quizá no conozcas todos los detalles de cómo funciona o de dónde viene, pero es penosamente obvio cuando no hay. Al igual que cuando te cortan el agua, la falta de confianza en ti mismo tiene un enorme impacto negativo en tu salud y estilo de vida. La autoconfianza suele nacer de una firme autoestima y se identifica con la fe en ti mismo que lleva a la “autoeficacia”. Es la sólida creencia en tu capacidad de poder lograr ciertas tareas específicas y lograrlo. Si crees que eres capaz de ganar en el deporte o el trabajo, entonces tienes una autoeficacia alta. La gente con poca autoeficacia se esfuerza menos en una tarea si no cree que podrá cumplirla, lo cual aumenta la probabilidad de fracaso. Muchas investigaciones sobre el fracaso muestran algo interesante sobre las personas con más éxito: Ya sea en los negocios, en el arte o la ciencia, son los seres que han fracasado más veces, pero han sabido confiar y perseverar. Los buenos hábitos se afianzan con base en buenas experiencias, en triunfos o fracasos bien asumidos. Afirmaciones como “soy una buena persona”, “puedo y persevero”, “me amo y logro lo que me propongo”, son poderosas. Mejoras cuando te amas, te valoras y eres bien consciente de tu valía.

Gonzalo Gallo González
Escritor - Conferencista.
oasisgonzalogallo@gmail.com

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