Gonzalo Gallo González
Columnista

La felicidad

Aunque Aristóteles y otros pensadores han hablado de felicidad, es poco lo que han profundizado. Hay muchos modos de verla, como sucede con el amor. 

Gonzalo Gallo González
POR:
Gonzalo Gallo González
marzo 14 de 2019
2019-03-14 09:24 p.m.
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Felicidad es un estado de excelso disfrute, armonía y paz interior que brota de amarse, amar y actuar con buena conciencia y transparencia. La felicidad se puede gozar, incluso con exigentes pruebas; enfermos o lisiados como Nick Vujicic o Jessica Cox la sienten y la irradian.

Un día, en una prisión de alta seguridad traté a una joven madre feliz y lo que más me impactó es que tenía un cáncer de seno. Ese tesoro no está en un reino mágico al que llegas, es un modo de viajar sin quejas ni peleas porque te amas y aceptas lo que vives. La felicidad está más en dar que en recibir, más en lo espiritual que en lo material y más en lo interior que en lo exterior. La alegría es una emoción grata, positiva y efímera mientras que el placer, también pasajero, surge de satisfacer una necesidad. La felicidad los supera porque se apoya en la armonía interna, es estable, profunda y no depende de los azares o vaivenes de la vida. Evade la trampa de ponerle condiciones o de aplazarla: “Seré feliz si…”, o “seré feliz cuándo...”. El amor y la felicidad son aquí y ahora, con Dios en tu corazón.

En Harvard, Tal Ben-Shahar creó en el 2006 la cátedra de felicidad, en la que se explaya sobre sicología positiva. Me recuerda la cátedra sobre amor (Love 1A), que en la universidad del sur de California creó Leo Buscaglia en los años 80. Ambas realidades van unidas, ya que es imposible ser feliz si no amas y te amas de la mejor manera. La falla es que amar no es la prioridad de los humanos, que suelen llamar amor a cualquier cosa. Es común confundir el amor con el deseo, la atracción, la necesidad o el querer. Por eso, el egoísta, el infiel y el inmaduro juran: ‘te amo’. Se confunde felicidad con el placer, la alegría o el éxito. La verdad es que, siendo feliz, eres exitoso, y no si eres exitoso, eres feliz.

El concepto de felicidad es subjetivo, pero se puede afirmar que no hay felicidad sin amor, sin coherencia y sin una recta conciencia. Sin eso tienes placeres y alegrías pasajeras, pero careces de armonía y paz interior. Sin ellas ¿cómo puedes ser feliz?
Aunque Aristóteles y otros pensadores han hablado de la felicidad, es poco lo que la filosofía y la sicología han profundizado. Hay muchos modos de verla y definirla, como sucede con el amor. Necesariamente, la felicidad está conectada con el modo como te relacionas y la actitud con la que vives, ya que todo en la vida depende de tu actitud positiva o negativa. El pensador William James, acertó cuando dijo: “Quien cambia su actitud, cambia su realidad”. Al estudioso Martin Zeligman se le debe mucho de lo que hoy llaman ‘la ciencia de la felicidad’, y varios estudios demuestran que la felicidad, tan esquiva para muchos, depende de amar, relacionarse bien, agradecer hasta lo más pequeño, perdonar, aceptarte tal como eres y aceptar a los demás sin pretender cambiarlos o controlarlos.

En gran medida, depende también de un cultivo espiritual, en una religión o sin ella. De hecho, los seres más espirituales también son más felices. Hoy, hay cátedras sobre felicidad en muchas universidades, pero ¿son realmente felices la mayoría de los humanos? No, porque otras prioridades los atrapan y el ser termina asfixiado por el tener, el hacer y el poder. ¿Tú eres feliz? Más en www.gonzalogallo.com

Gonzalo Gallo González
Escritor - Conferencista
oasisgonzalogallo@gmail.com

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