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Gonzalo Gallo González
Columnista

La magia del perdón

Por eso dijo Mandela cuando le preguntaron por qué perdonaba 27 años de prisión injusta: “Si no perdono, sigo prisionero”. Una gran verdad.

Gonzalo Gallo González
POR:
Gonzalo Gallo González
enero 31 de 2022
2022-01-31 11:08 p. m.
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Artemisa Gentileschi, 1593-1656, fue hija de un buen pintor. Tenía 18 años y el pintor Agostino Tassi, maestro suyo y amigo de su padre, la violó. La talentosa artista tardó un año en reunir las fuerzas suficientes para denunciarlo y llevarlo a juicio. En noviembre de 1612 fue declarado culpable y la pena del juez fue bastante blanda: elegir entre cumplir cinco años de trabajos forzados o el exilio de Roma. Tassi, obviamente, eligió el exilio.

Ella fue la primera mujer que entró en la Academia de Bellas Artes de Florencia, la misma institución por la que pasó Miguel Ángel. Su drama influyó en su vida y su pintura como se ve cuando pinta la escena bíblica: Judith decapitando a Holofernes.

Plasma el momento en el que la viuda Judith, ayudada por su doncella, decapita a Holofernes, un general asirio enemigo. Se había encaprichado con ella. Lo hace aprovechando que está borracho y se ha quedado dormido. Artemisa liberó ahí su rabia. Y eso es lo que hay que hacer ante un agravio: soltar odios, rabias, tristezas, culpas y rencores. Perdón, verdad, justicia y reparación son cuatro realidades que Colombia necesita para que la paz no siga siendo esquiva.

Hay que cicatrizar muchas heridas emocionales con un perdón compasivo y comprensivo. La compasión no tiene nada que ver con la lástima o el pesar, es entender que quien falla está en inconsciencia y desamor. Solo así destierras juicios y transmutas el odio en perdón con alquimia espiritual. No es fácil, pero está demostrado que sin perdón no hay paz interior, ni felicidad, ni futuro.

De eso habló muy bien el Nobel de la paz, Desmond Tutu, que acaba de trascender. Este buen obispo fue un fiel aliado y amigo del Nelson Mandela sembrando justicia y paz en Sudáfrica. Cuando las ofensas son puñales en el corazón, ayuda mucho aprender de seres que han perdonado lo que parecía imperdonable.Dos testimonios conmovedores y elocuentes son los de Pastora Mira, de San Carlos, Antioquia y el de Matilde Cardozo, de Bolívar. Busca sus videos en Youtube. Pastora perdonó el asesinato de su padre, su esposo, una hija y un hijo. ¡Uy! Es algo impresionante; como de otro planeta. Matilde sufrió la violación de varios guerrilleros de las Farc, quedó embarazada, no abortó, perdonó y lo mismo hizo su linda hija Aura María. Ambas son un espejo de compasión y comprensión. Un poderoso ejemplo que ojalá te mueva a perdonar hechos menos graves. Hay más testimonios y uno impactante lo hallas en el video “El asesino de Río Verde”. Verás allí a seres aún prisioneros del odio y una anciano que perdona. Sin perdón estamos presos en una ‘cárcel emocional’ con barrotes invisibles. Por eso dijo Mandela cuando le preguntaron por qué perdonaba 27 años de prisión injusta: “Si no perdono, sigo prisionero”. Una gran verdad.

GONZALO GALLO G.
Escritor-conferencista.

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