Gonzalo Palau Rivas

¡Creo que voté nulo!

Gonzalo Palau Rivas
POR:
Gonzalo Palau Rivas
marzo 17 de 2014
2014-03-17 12:35 a.m.
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Transcurrida una semana de los comicios para elegir senadores y representantes, es inevitable tener que referirse al proceso como tal y tangencialmente a los resultados arrojados. Los temas económicos volverán a adquirir preponderancia, una vez se conozca el desenlace de la carrera presidencial y sepamos los colombianos si habrá un cambio en el manejo económico, o por el contrario asistiremos a una refrendación de las políticas actuales.

Sea lo primero señalar que el total de los votos declarados como nulos es absolutamente escandaloso, y esto demuestra que el sistema está pésimamente diseñado. A título de ejemplo, me atrevo a señalar mi caso personal: mi intención era votar por una lista de las llamadas de voto preferente y, supuestamente, así lo hice. Sin embargo, mirando retrospectivamente no tengo claro si al momento de depositar mi voto, marqué solo la casilla del partido o marqué solo la casilla del candidato escogido, o marqué ambas o por el contrario no marqué ninguna opción. Conclusión: alta probabilidad de que mi voto finalmente haya sido calificado como nulo. Si eso me pudo ocurrir a mí que soy letrado, académico y hasta profesor universitario, con todo respeto ¿qué le puede haber sucedido al ciudadano común y corriente al cual el destino no le ha deparado tantas virtudes?

Claramente, la confección del tarjetón (vaya nombre) es lo más obsoleto y antitécnico posible. Lo de las listas cerradas es también un exabrupto. Que la preferencia del votante se incline por candidatos de las condiciones y calidades tales como María del Rosario Guerra o Juan Mario Laserna, es totalmente acertado, pero esta decisión en la práctica implicaba votar simultáneamente por personajes discutibles y discutidos como José Obdulio o Roberto Gerlein.

Otra pifia monumental fue la de las firmas encuestadoras, (especialmente Datexco, y esta no es la primera vez que le ocurre), las cuales daban el porcentaje mayoritario al voto en blanco y solo sirvieron para despistar al enemigo y generar una ola de opinión que a la postre resultó ser totalmente irreal. Es muy posible que muchas personas del montón al ser encuestadas respondan que piensan votar en blanco, simplemente para no hacer pública su inclinación.

La campaña liderada por el más reconocido de los forjadores de opinión en nuestro país, orientada a promover el voto en blanco en el caso del Parlamento Andino, se convirtió en un boomerang, pues al ganar el voto en blanco toca repetir la votación tantas veces hasta que el voto en blanco pierda esa mayoría de. O sea, un gasto elevado a la ene potencia. Va a resultar ‘más costoso el collar que el perro’.

Finalmente, el porcentaje abrumador de abstencionismo –que no es nuevo– más que a un rechazo o apatía por parte del elector, obedece a trabas y dificultades del proceso mismo, especialmente en la inscripción previa de la cédula en un lugar específico, lo cual termina por amarrar el voto a ese lugar físico. En mi entorno familiar cercano, más del 50 por ciento no votó, pero no por no querer, sino por fuerza mayor. Incluso uno de ellos, funcionario, no votó por estar fuera de la ciudad en cumplimiento de actividades propias de la entidad pública a la cual está laboralmente vinculado.

Somos una democracia más sólida que la de nuestros vecinos, pero en materia de procesos electorales y de participación ciudadana, Ecuador y, hasta Venezuela, nos dan sopa y seco.

Gonzalo Palau Rivas

Profesor, Universidad del Rosario

gonzalo.palau@urosario.edu.co

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