Harry Adler
análisis

Economía clásica y economía de comportamiento

Estudiosos de la economía aseguran que la teoría económica es racional, egoísta y sus gustos no cambian.

Harry Adler
POR:
Harry Adler
octubre 14 de 2019
2019-10-14 03:52 p.m.
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Escribe el profesor Daniel Kahneman en su libro Pensando, Rápido y Despacio, que a comienzos de los años setenta su colega Amos Tversky le pasó un ensayo elaborado por un economista suizo, donde planteaba las suposiciones sicológicas en la teoría económica clásica. En su primera frase planteaba que “el agente de la teoría económica es racional, egoísta, y sus gustos no cambian”.

Cuenta que quedó “atónito”, y que hasta ese momento no había estado consciente de las diferencias tan profundas entre su mundo, como sicólogo, y el de los economistas, sus colegas en el edificio de al lado. “Las dos disciplinas parecían estudiar distintas especies”. Estas, esencialmente opuestas, habrían de ser bautizadas como Econs y Humans por el economista de comportamiento, y futuro premio Nobel en economía, Richard Thaler. Por sugerencia de Tversky, experto y “estrella” en el campo, iniciaron su colaboración en 1974, y un año más tarde formularon su teoría, publicada en 1979 bajo el nombre de Prospect Theory.

Básicamente constituye un modelo alternativo para explicar comportamientos comúnmente observados en la práctica, pero inconsistentes con la propuesta de la teoría clásica. Kahneman obtendría igualmente el Nobel en economía, que seguramente hubiese compartido con su maestro, colega, y entrañable amigo, de no haber fallecido este prematuramente.

El propósito era documentar y explicar violaciones sistemáticas, y en ocasiones previsibles, tradicionalmente conocidas como sesgos mentales, relacionadas con los axiomas de racionalidad propios de la teoría clásica. Alrededor de sesenta aparecen reseñadas en una nota publicada en “businessinsider.com” en octubre del 2015.

Los principios fundamentales detrás de su teoría son la aversión a las pérdidas, (nos generan un dolor ente 2 y 2.5 veces superior al placer que nos produce una ganancia equivalente), y la importancia de los puntos de referencia. Sus estudios sobre el primero son considerados como la contribución más significante de la sicología a la economía de comportamiento, dado que gran parte de esas anomalías han sido explicadas como sus extensiones.

El problema, según Kahneman, es que estos principios son ignorados por la economía clásica en algunos de sus temas centrales, como por ejemplo en lo referente a la “utilidad esperada”, y a las “curvas de indiferencia”.

En efecto, a quienes asistimos alguna vez a un curso básico de economía, nos enseñaron que las escogencias que hacemos dependen del valor sicológico de los resultados, es decir su utilidad esperada. Y que como seres racionales que somos, escogemos siempre la opción con la utilidad esperada más alta.

En su forma más simple, la utilidad esperada de la propuesta “cara gano $100, sello no gano nada”, es $50. Pero, como anota Kahneman, en la vida real la mayoría de la gente se inclina por una alternativa como $46 seguros, lo cual no es sino una confirmación más de nuestra aversión al riesgo, y a las posibles pérdidas.

De la misma manera, y de acuerdo con el planteamiento de la economía clásica, la utilidad de las ganancias y de las pérdidas difiere solamente en el signo (+ o -) que se les antepone, en contravía con lo que se observa en la práctica (utilidad negativa de una pérdida mayor que la utilidad positiva de una ganancia equivalente).

Con respecto a los puntos de referencia, Kahneman plantea el caso de dos individuos, hoy cada uno con un capital de $5 millones. De acuerdo con la teoría clásica, deberían estar igual de felices. Pero el problema radica en que se omite toda referencia al pasado, por ejemplo, la posibilidad de que ayer poseyeran $1 millón, y $9 millones, respectivamente. De acuerdo con la teoría clásica, ¡hoy deberían estar igual de felices!
Algo similar ocurre con las curvas de indiferencia, que figuran en cualquier texto de economía. Estas conectan todas las combinaciones posibles de dos bienes que teóricamente nos producen la misma utilidad. El problema es que asumen implícitamente que la utilidad en un momento dado es determinada totalmente por la situación presente del individuo, sin ninguna referencia al pasado.

Para Kahneman, lo relevante es el cambio en el nivel de riqueza, a partir del punto de referencia. Si se posee un bien, desprenderse genera una pérdida. Si se piensa en adquirirlo, cuenta el placer de obtenerlo. Acá, nuevamente, el efecto de una pérdida es más intenso que el de una ganancia. “La elegancia de los modelos teóricos ha cegado a los estudiantes y a los eruditos”, escribe al respecto.

Esta asimetría en los precios está íntimamente ligada a lo que el profesor Thaler bautizó endowment effect. Se refiere al hecho que solemos asignar un mayor valor a las cosas por el simple hecho de poseerlas, inclusive si carecen de un valor sentimental particular, o si fueron recientemente adquiridas. Para la economía clásica, la diferencia entre el precio máximo que un individuo está dispuesto a pagar por un bien, y el mínimo que exige para venderlo, debe ser despreciable, lo cual es fácilmente rebatible con un simple ejemplo de reventa de boletas.

En uno de tantos experimentos, entregaron a la mitad de los participantes unos tazones decorados con el logotipo da la universidad, con la misión de venderlos. Los demás debían tratar de comprarlos. El precio solicitado resulta en promedio cerca del doble del ofrecido, y el número de transacciones inferior en un 50% con respecto a lo que debería esperarse de acuerdo con la teoría económica.

Harry Adler
​Asesor en Inversiones Internacionales

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