Harry Adler
coyuntura

Las correlaciones en los mercados internacionales

El consejo para una adecuada diversificación de portafolios ha sido el de asignar 70% a acciones
norteamericanas, y máximo 5% a países emergentes.

Harry Adler
POR:
Harry Adler
octubre 26 de 2020
2020-10-26 10:18 p. m.
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En su asamblea anual correspondiente al 2013, el señor Warren Buffet comentaba sobre sus instrucciones con respecto al legado que dejará a su esposa. Este deberá ser invertido en un 90% en un fondo indexado de acuerdo con el S&P 500, de muy bajo costo, y el 10% restante en un fondo de bonos del Tesoro.

Por su parte, el señor John Bogle, a quien le debemos la existencia de instrumentos financieros con cargos de administración inferiores a 0,1%, se pronunció en contra de la idea de portafolios globales en la que fue una de sus últimas entrevistas. “Tenemos el país más emprendedor, instituciones sólidas, y una economía muy diversificada donde el 50% de las utilidades provienen del exterior”.

Cabe recordar el anuncio por estos días en el sentido que la capitalización del sector tecnológico en los Estados Unidos alcanzó $9,1 trillones de dólares, por encima de la capitalización total del mercado europeo.

Los resultados de los últimos años están acordes con estos planteamientos. En efecto, el fondo “SPDR S&P 500” (SPY), que invierte en las 500 empresas más representativas en los Estados Unidos, ha obtenido una rentabilidad anual cercana al 15% en los últimos diez años. Por su parte, el fondo “iShares MSCI EAFE” (EFA), que invierte de acuerdo con un índice compuesto por cerca de 900 grandes empresas correspondientes a 21 países desarrollados excluyendo a los Estados Unidos, ha tenido un rendimiento de 5,5% durante ese mismo periodo. Estas diferencias se mantienen para el periodo de 15 años. Sin embargo, el consejo tradicional para una adecuada diversificación internacional ha sido asignar alrededor un 70% a acciones norteamericanas, con un máximo de 5% a países emergentes, y esto último solo para aquellos dispuestos a tolerar una mayor volatilidad.

Su origen es la teoría clásica de portafolios, la cual sostiene que, para reducir la volatilidad y mejorar la utilidad por unidad de riesgo, se requiere de componentes con bajas correlaciones.

Una correlación alta se produce cuando las dos variables se mueven en la misma dirección, mientras que una correlación de cero significa que los movimientos son totalmente independientes. Importante recordar que el parámetro no involucra el tamaño del movimiento, ni una relación causa-efecto.

Un estudio publicado por la firma de investigaciones Morningstar para el periodo 1971-2019, muestra cómo a partir de 1995 las correlaciones entre esos dos índices en periodos de 5 años han venido en constante aumento. Su punto más bajo fue de 0,26 en 1997, y su punto máximo 0,92 en el 2013. En el periodo reciente, la correlación fue de 0,83. Igualmente, en un estudio presentado en noviembre del 2015, los profesores Allen Michel e Israel Shaked de la Universidad de Boston, y Jacob Oded de la Universidad de Tel Aviv, examinaron el comportamiento de las correlaciones de un conjunto de índices con respecto al S&P 500 en un periodo de 19 años.

Con la excepción en el caso del oro, esas correlaciones tomaron la forma de “U:” altas cuando los retornos del índice estaban en sus extremos (tanto al alza como a la baja,) y bajas durante los tiempos normales. Concluyeron que “puede ser factible una diversificación efectiva bajo condiciones relativamente tranquilas, pero durante mercados tumultuosos, y cuando más se requiere, esta puede ser imposible de lograr”. Fue precisamente lo ocurrido durante la crisis financiera del 2008, cuando las correlaciones de un amplio espectro de mercados aumentaron dramáticamente, ocasionando que los métodos tradicionales de diversificación dejaran de ser efectivos. ¿Para quienes buscan una diversificación internacional, basta entonces limitarse al mercado de los Estados Unidos?

De hecho, la reversión a la media es una fuerza poderosa, y si hay algo que se puede afirmar con certeza en el tema de mercados financieros es que los líderes se rotan. De acuerdo con el estudio de Morningstar, en periodos de 5 años el índice internacional superó al S&P 500 durante 1979-1984, 1989-1994, y el más reciente, en el periodo 2004-2009.

Una consecuencia de este rezago es que las acciones internacionales gozan ahora de niveles de valorización mucho más favorables. En efecto, la relación precio/ganancias (estas proyectadas a un año) del fondo “SPY” está actualmente en 24, contra un poco más de 18 para el “EFA”.

Y además de que muchos países están adelante de los Estados Unidos en el ciclo de la pandemia, la debilidad que viene mostrando el dólar hace más atractivas las acciones en moneda extranjera.

Una solución posible es no ceñirse a asignaciones predeterminadas, sino adoptar estrategias flexibles. El problema es que los mercados suelen permanecer irracionales durante largos periodos, y no es nada fácil acertar en los puntos de entrada y salida. Al respecto, desde 1994 la firma Dalbar ha cuantificado el efecto de las decisiones por parte de los inversionistas en fondos mutuos a corto y largo plazo. Año tras año, los resultados muestran que el inversionista promedio obtiene menos, y con frecuencia mucho menos, que el rendimiento que logran esos fondos.

Bien lo comentó una vez el señor Buffet a raíz de los descalabros bursátiles del científico Newton. “De no haberse traumatizado por sus pérdidas, habría descubierto su cuarta ley del movimiento: para los inversionistas como un todo, los rendimientos bajan cuando el movimiento aumenta”.

Harry Adler
Asesor en inversiones internacionales.
hadler@stanfordalumni.org

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