close
close
Harry Adler
columnista

Pegaso y la extrema derecha

Orbán planteó que los países con democracias liberales no son los mejor preparados para afrontar el futuro.

Harry Adler
POR:
Harry Adler
agosto 16 de 2021
2021-08-16 07:01 p. m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2021/03/18/6053b4df88b60.png

El Proyecto Pegaso es una investigación del Washington Post en colaboración con 80 periodistas de 17 organizaciones mundiales. Reveló por estos días que un software, diseñado por militares para rastrear terroristas y criminales, ha venido siendo utilizado para infiltrar celulares pertenecientes a personajes civiles en más de 50 países.

Cerca de 50.000 números resultaron involucrados, concentrados en países reconocidos por la vigilancia que ejercen sobre sus ciudadanos.

En el caso de Hungría identificaron alrededor de 300, muchos de ellos asociados con periodistas, abogados, empresarios, disidentes políticos y activistas de derechos humanos. Viktor Orbán, su primer ministro reelegido en el 2010 -ya lo había sido para el periodo 1998/2002- ha acumulado durante esta década un fuerte control sobre los medios y el sistema judicial.

Aduce el periódico que en la era comunista los ciudadanos de este país eran reclutados para espiar a sus vecinos. Y que ahora, bajo un gobierno de extrema derecha, se viene utilizando una herramienta moderna con ese mismo propósito.

En una extensa nota publicada en junio del 2020 en The Atlantic, el señor Ben Rhodes, escritor, comentarista político, y Asesor de Seguridad Nacional en el gobierno de Obama, hacía un paralelo entre la situación en Hungría y las perspectivas en su país a raíz de las elecciones presidenciales que se avecinaban.

Escribía que, escudándose tras el argumento de los efectos sociales de la globalización, Orbán había planteado desde el inicio de su campaña política del 2010 que los países con democracias liberales no son los mejor preparados para afrontar el futuro.

Tampoco, alegaba, lo son las democracias. Sostenía que un país debe anclarse en el sentimiento nacionalista, para lo cual se requiere una mano autocrática.

Rhodes lo cataloga como un populista de extrema derecha que se apoya en la historia clásica nacionalista: identidad cristiana, soberanía nacional, desconfianza en las instituciones internacionales, oposición a la inmigración, desprecio por las élites liberales, falso empoderamiento de las masas en cuanto a sus quejas.

Según el autor, durante su primer gobierno reacomodó los distritos parlamentarios para su beneficio en las votaciones. Habilitó la votación de ciudadanos extranjeros de su misma etnia, pobló metódicamente las cortes con jueces de su partido, facilitó el enriquecimiento de sus copartidarios. Persiguió a los medios independientes, y los de derecha fueron transformados en medios de estado. Cortejó a Putin, a las inversiones rusas, a la corrupción asociada con ellas, la cual se convirtió en telón de fondo para disfrazar el gasto público.

Una vez reelegido, escribe, intensificó la persecución contra sus enemigos políticos y terminó la malla contra los inmigrantes. Mediante teorías conspiratorias relacionadas con Soros y campañas de odio, alimentó desinformación, amenazas legales, restricciones civiles. Logró disimular los pecados históricos, como la complicidad con el holocausto, en los programas de estudio. Y gracias a todos esos cambios estructurales a la democracia, logró con menos de la mitad del voto popular ser reelegido para un tercer periodo en el 2018.

Harry Adler
Asesor en Inversiones Internacionales
hadler@stanfordalumni.org

Destacados

  • OPINIÓN
  • NEGOCIOS
  • MIS FINANZAS
  • TENDENCIAS

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes