Harry Adler
análisis

¿Por qué somos renuentes a aceptar las pérdidas?

Es falso que la mayoría de la gente, en gran parte de los casos, toma las decisiones más convenientes.

Harry Adler
POR:
Harry Adler
enero 07 de 2019
2019-01-07 04:43 p.m.
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Es perfectamente racional mantener inversiones que estén generando pérdidas, siempre y cuando se disponga de argumentos que permitan pensar que en el futuro podrán ofrecer buen rendimiento.

Pero en la práctica, los economistas de comportamiento han reseñado nuestra tendencia a aferrarnos a toda costa a estas, apoyados en esa extraña creencia de que una pérdida se convierte solo a partir del momento en que se vende el activo.

Este fenómeno, conocido como el ‘efecto de disposición’, fue ilustrado por primera vez en 1985 por los profesores Hersh Shefrin y Meir Statman de la Universidad de Santa Clara, en California. Posteriormente, habría de ser asociado con la heurística de aversión al riesgo, uno de los tantos sesgos mentales inherentes a los seres humanos.

Recordemos que en sicología, heurística se refiere a ese conjunto de reglas de dedo, eficientes y sencillas, que nos son de gran utilidad para formar juicios y tomar decisiones rápidamente, pero que nos inducen a enfocarnos en aspectos parciales de un problema, a costa de ignorar otros, muchas veces de mayor relevancia.

El fenómeno de aversión al riesgo desempeña un papel central en la teoría descriptiva conocida como ‘Prospect Theory’, formulada por Amos Tversky y Daniel Kahneman, y que hizo merecedor de un premio nobel en economía a este último. Se refiere al proceso mediante el cual escogemos entre diferentes opciones, en circunstancias que involucran probabilidad y riesgo.

Con el objetivo de determinar qué tan propensos somos a desprendernos de posiciones ganadoras, a costa de mantener perdedoras, el profesor Terrance Odean, de la Univerdad de California, en Berkeley, publicó un estudio, titulado ‘¿Son los inversionista reacios a realizar sus pérdidas?’.

Seleccionó al azar 10.000 cuentas individuales activas entre 1987 y 1993, pertenecientes a una importante firma corredora de bolsa en Estados Unidos. En total, se vieron involucradas 63 millones de acciones, entre compras y ventas.

Como la dirección del mercado incide sobre la proporción entre ganadoras y perdedoras, el estudio no se limitó a hacer simples comparaciones entre estas. En efecto, fue necesario establecer la frecuencia con la cual se vendieron posiciones ganadoras y perdedoras, comparadas contra las oportunidades para hacerlo en cada una de ellas.

Al considerar el periodo completo, encontró que no solo las posiciones ganadoras tuvieron 50 por ciento mayor de probabilidad de ser vendidas en relación con las perdedoras, sino que además las acciones ganadoras vendidas tuvieron un retorno superior en 3,4 por ciento durante el año siguiente, al compararlas con el de las perdedoras que se mantuvieron (1,03 por ciento en el periodo de cuatro meses, y 3,6 por ciento en el de dos años).

Este efecto de disposición ha sido comprobado a través de diferentes tipos de inversionistas, y en distintos periodos, clases de activos y zonas geográficas.

Así como este resultado nos empuja a mantener las malas inversiones, (y que en la mayoría de los casos ni siquiera hemos debido efectuar), la heurística de aversión al riesgo nos induce a limitar la exposición a un activo volátil como la renta variable, pero que en periodos prolongados normalmente produce los rendimientos más altos.

Igualmente, el exceso de confianza hace que rotemos el portafolio más de la cuenta. Y la heurística de inercia hace que desaprovechemos esa llave tan poderosa conformada por el interés compuesto, y el paso del tiempo.

Hace ya ochenta años, Benjamin Graham, el profesor de Warren Buffet, y para muchos el financista más influyente de todos los tiempos, escribía que en el tema de inversiones somos nuestro principal enemigo. Fue pionero en reconocer que es falso que la mayoría de la gente, en gran parte de los casos, toma las decisiones más convenientes.

En la búsqueda de soluciones para el problema pensional, la expresidenta de Colpensiones proponía establecer cátedras obligatorias en el tema. Para el profesor Richard Thaler, economista de comportamiento, una solución más práctica son los “arquitectos de elección”.

Mediante pequeños ‘empujones’ (Nudges, de acuerdo con el título de uno de sus libros) y bajo el principio de ‘paternalismo libertario’, ayudan a alterar el comportamiento de la gente, conducente a una vida más sana, o más productiva económicamente.

Entre múltiples ejemplos, menciona el de la alimentación escolar: de acuerdo con la forma como se presentan y se disponen los alimentos, es posible influenciar a los estudiantes para que seleccionen los más sanos.

Algo similar puede hacerse en cuanto a la adopción de un plan de retiro. Al fin y al cabo, la idea es convencer a los jóvenes de comenzar lo antes posible, de invertir en uno, o máximo dos fondos indexados de amplio espectro y a muy bajo costo, y de modificarlo solo a medida que se aproxima esa edad de retiro.

Bajo estas condiciones, es válido todo esfuerzo, tanto por parte del sector público como el privado, porque se trata de brindarle al usuario las mejores herramientas para que su plan de retiro pueda captar el crecimiento económico, más los dividendos.

Cuando se trata de ahorrar para el retiro, escribe el profesor Thaler, y a menos que exista la reencarnación, solo tenemos una oportunidad para hacerlo como se debe.

Harry Adler
Asesor en inversiones internacionales

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