Hernán Avendaño Cruz
Columnista

Victoria pírrica

La creciente probabilidad de recesión global, que no estaba en el radar hasta hace dos meses, ocurrirá en una economía mundial debilitada.

Hernán Avendaño Cruz
POR:
Hernán Avendaño Cruz
marzo 19 de 2020
2020-03-19 10:36 p.m.
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En medio de la baraúnda de las últimas semanas por cuenta del covid-19 y la guerra del petróleo, quedó sepultada la noticia de la balanza comercial de Estados Unidos. Vale la pena sacarla a flote, pues se trata del eje central de la visión ‘trumpiana’ sobre la relación económica entre países y es el fundamento de la guerra comercial que tanto daño le hace al mundo.

El déficit comercial de EE.UU. en 2019 ascendió a US$853 mil millones, con una reducción del 2,5% respecto al observado en 2018; en términos absolutos se redujo en US$22 mil millones, tras dos años de altos crecimientos.

El saldo del comercio de bienes que mayor interés suscita es el de EE. UU. con China, que es el blanco principal de la guerra comercial; con esta nación el déficit fue 17,6% menor que el del año anterior y su caída fue de US$74 mil millones, cifra nada despreciable; este resultado refleja una contracción del 16,2% en las importaciones y una del 11,3% en las exportaciones. Puesto en esos términos, parecería que Trump salió victorioso de su guerra. Pero la realidad no es clara. En primer lugar, por la existencia de cadenas globales de valor, el costo ha sido la pérdida de dinámica del comercio internacional, lo que, sumado a otros hechos, contribuyó a desacelerar el crecimiento económico de numerosos países. Según las estimaciones del Netherlands Bureau for Economic Policy Analysis (CPB World Trade Monitor) durante 2019 el volumen de comercio y los precios unitarios cayeron 0,4% y 2,6%, respectivamente.

En segundo lugar, como consecuencia del fracking, Estados Unidos se convirtió en el primer productor mundial de petróleo y, en consecuencia, siguió reduciendo sus compras al mercado internacional. En 2019 disminuyó sus importaciones del hidrocarburo en US$30.000 millones y, según los cálculos del U.S. Census Bureau, el déficit comercial sin petróleo se incrementó en 1,8%.

En tercer lugar, parte de las compras que se hacían a China fueron sustituidas por las realizadas a otros países, lo que se refleja en el mayor déficit comercial de EE. UU. con México (26%), Canadá (42%), Vietnam (41%), Corea del Sur (16%) y la Unión Europea (5%). En cuarto lugar, la esperanza de Trump y de los ideólogos de la guerra comercial, como Peter Navarro, era que la imposición de aranceles a China obligara a las empresas a retornar al país y a crecer la producción nacional. Sin embargo, lo que se está observando es lo contrario: el índice de producción industrial de Estados Unidos creció 4% anual al cierre de 2018 y registró una variación negativa del 1% al cerrar 2019.

En síntesis, la victoria de Trump en la guerra comercial es pírrica, como lo habían anticipado destacados economistas. En un escenario con coronavirus y guerra petrolera, el dólar se fortalece y hace que las exportaciones estadounidenses se vean perjudicadas por el cambio de los precios relativos, por lo que cabe esperar que esas deleznables ganancias se diluyan. El problema es que la creciente probabilidad de recesión global que no estaba en el radar de los analistas hasta hace un par de meses, ocurrirá en una economía mundial debilitada y con limitado margen de maniobra de las autoridades económicas de muchos países.

Hernán Avendaño Cruz
Director de Estudios Económicos de Fasecolda

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