Hernando José Gómez
Columnista

Microcrédito, clave en la recuperación

Es importante priorizar estrategias que propendan por la formalización de las microempresas y el acompañamiento con innovación y garantías. 

Hernando José Gómez
POR:
Hernando José Gómez
abril 14 de 2021
2021-04-14 07:30 p. m.
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Una de las potencialidades del sector financiero, y más en momentos como los que vive actualmente la economía, es la de ayudar con la reducción de la pobreza al generar oportunidades a las familias y empresas para materializar sus proyectos vía la oferta de crédito. En ese camino, las microempresas, apalancadas en el microcrédito, son fundamentales porque son el primer escalón de ingreso al sector empresarial, concentran más del 90% de las empresas en Colombia, y aportan el 67% del empleo y cerca del 30% al PIB.

Pese a su relevancia, este segmento empresarial enfrenta desafíos como un mayor riesgo por su vulnerabilidad financiera, altos costos relativos por la baja escalabilidad y mayor sensibilidad a los ciclos económicos, por lo que los programas focalizados en brindar un mayor apoyo a su desarrollo, así como el acompañamiento y educación financiera son claves para aumentar su tasa de supervivencia en el tiempo, un factor sine qua non para un crecimiento sostenido.

En ese apoyo a este segmento empresarial, la creación del microcrédito bajo la Ley 590 de 2000 marcó un hito en el país al promover una mayor inclusión financiera, que a su vez contribuye al empleo y al desarrollo económico. Este producto ha beneficiado a millones de microempresarios para que no tengan que desistir de sus proyectos o recurrir a créditos informales ilegales y con costos exorbitantes y otros peligros.

El microcrédito ha cumplido con ese papel de ser un impulsor de la inclusión financiera, pues cerca del 12% de nuevos clientes no cuenta con experiencia previa en el sector financiero. Además, el número de personas con este producto activo bordeó los 2,4 millones al tercer trimestre de 2020, un 50% más que en 2012; y en la última década, los desembolsos registraron un crecimiento promedio anual de 11% real, pasando de un saldo de cartera de $4 billones a cerca de $12,7 billones.

Si bien los esfuerzos entre el sector público y privado para impulsar este tipo de productos en beneficio de las microempresas han sido valiosos y efectivos, todavía hay obstáculos en los que hay que seguir trabajando, como la falta de información de este segmento derivada de la informalidad, el limitado acceso a garantías, y, en menor medida, un tope a las tasas de interés que limita el financiamiento de algunos emprendimientos con riesgo alto.

Ahora más que nunca es importante priorizar estrategias que propendan por mejorar la caracterización y formalización de estas empresas, afianzar las iniciativas de educación financiera y el acompañamiento en programas de innovación, productividad y garantías, factores claves para fortalecer un tejido empresarial quebrantado por los efectos de la pandemia.

Hernando José Gómez
Presidente de Asobancaria
hgomez@asobancaria.com

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