Horacio Ayala Vela

El contrabando

Horacio Ayala Vela
POR:
Horacio Ayala Vela
octubre 29 de 2013
2013-10-29 12:56 a.m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdbebca4157.png

En teoría, el contrabando debería haberse reducido en los últimos años, cuando las economías cerradas han cedido el paso a los TLC y a los demás acuerdos comerciales, con las consiguientes reducciones arancelarias.

A la par con estos cambios se empezó a hablar de las aduanas como facilitadoras del comercio exterior, más que como represoras del contrabando.

Nadie discute que el modelo puede ser idóneo para bloques como la UE, donde desaparecieron las fronteras aduaneras, pero no para un país como el nuestro, con enormes fronteras y costas, y con una mentalidad y un entorno bastante diferentes, agravado por la producción de estupefacientes y el consecuente lavado de dineros.

Hace un par de décadas la aduana colombiana fue literalmente desbaratada -seguramente con razón, debido a sus antecedentes-.

Desde entonces, se han hecho esfuerzos por refundarla, física y tecnológicamente, a pesar de los inconvenientes, que siguen siendo los mismos de siempre: intereses no tan extraños han intentado -y logrado muchas veces- apoderarse de las posiciones claves y no precisamente de manera ingenua; no están lejanos los tiempos en que, como decía Álvaro Gómez Hurtado, generosos candidatos se ofrecían a trabajar sin salario en las aduanas, y, por el contrario, estaban dispuestos a pagar por un empleo.

Conocí de cerca el caso de un parlamentario que reclamaba como suya la aduana de Bogotá, y la tuvo hasta que murió; y otro caso, donde un funcionario recomendado, en presencia de sus mentores del Congreso, reclamaba el cargo de ‘ispetor’, único al que aspiraba.

Agréguese que, como en muchos otros casos de la administración pública en Colombia, pero particularmente en la tributaria y la aduanera, los vicios se originan en la propia normativa: se pretende solucionar todos los males por medio de exenciones, excepciones y tratamientos especiales.

Sin dejar de reconocer la necesidad de atender situaciones especiales puntuales, como la del Amazonas y otros territorios totalmente aislados, la liberación indiscriminada de requisitos para el ingreso de mercancías a zonas aduaneras especiales facilita y estimula el contrabando y hace prácticamente nugatoria la acción de las autoridades.

En esas regiones la situación de desamparo y miseria de sus habitantes es ignorada, mientras unos pocos se aprovechan del desorden; los pobres se calman con sello negro o con robertico, antes era con ron trompá o tres esquinas. Por eso los contrabandistas han tenido representación en el Congreso y por eso el negocio ha pasado a formar parte del folclor, incluso a través de las canciones.

Y tampoco existe consenso en el empresariado organizado: los industriales critican al Gobierno porque no incrementa los controles, mientras los comerciantes le piden que los levante.

En estos aspectos es inevitable hablar de Panamá, porque es un caso dramático. Los contenedores llenos de mercancías llegan a su puerto libre de todas partes del mundo, pero nadie sabe dónde terminan; el Gobierno de ese país dice no tener informaciones sobre los movimientos de las mercancías, que además se venden libres de impuestos a través de las sociedades offshore. Mientras no exista voluntad política, en nuestro país y en los vecinos, seguiremos inundados de contrabando.

Horacio Ayala Vela

Consultor privado

horacio.ayala@etb.net.co

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado