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Horacio Ayala Vela
Columnista

Nuestra caja de Pandora

El Estado sigue conforme con las reiteradas oportunidades de Amnistías tributarias, siempre esperadas, a pesar de los pronunciamientos de la Corte.

Horacio Ayala Vela
POR:
Horacio Ayala Vela
noviembre 04 de 2021
2021-11-04 09:25 p. m.
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En vez de todos los males del mundo, como insinuaba la mitología, la moderna apertura de la caja de Pandora ha permitido revelar muchas intenciones de evasión tributaria de alto nivel, siguiendo el camino abierto por el escándalo de los Panamá Papers.

Recordemos que, a raíz de sus revelaciones, en 2017 detuvieron en Colombia a cinco personas por delitos que les imputó la Fiscalía, como falsedad ideológica, estafa agravada, fraude procesal, lavado de activos y enriquecimiento ilícito.

Si bien es cierto que tener dineros en el exterior no constituye de por si un delito, al menos es un indicio significativo de que abunda el interés por esconder las fortunas.

Por desgracia, debido a la maldición que nos trajo el tráfico de estupefacientes, no es extraño que muchos movimientos internacionales de dineros estén vinculados con el contrabando, la extorsión y otros delitos. Este fenómeno además ha relajado las mentes, por razones económicas, hasta el punto que ahora se suele interpretar con largueza que todo lo que es legal es ético.

Pero los paraísos fiscales no sirven sólo para esconder fortunas con intenciones ingenuas. Por ejemplo, a través de esos instrumentos se crean costos o gastos ficticios para reducir el impuesto sobre la renta dentro del país, o se triangulan las operaciones internacionales entre un vendedor y un comprador vinculados, a través de un tercero, para dejar las utilidades en la jurisdicción del paraíso fiscal, que sólo cobra el impuesto si las mercancías tocan su territorio.

Son las típicas compañías offshore o facturadoras. En forma similar, se suelen utilizar los paraísos fiscales como instrumentos para dejar allí las enormes ganancias obtenidas en las ventas internacionales de empresas. En nuestro país se han evadido o eludido los impuestos generados por las ventas de las grandes compañías a compradores del exterior, mediante esos mecanismos.

Por supuesto que la legislación tributaria nacional también ayuda a tapar la caja de Pandora. Es apenas natural que todos los bienes ubicados dentro del país y las utilidades generadas por los mismos deban tributar en Colombia, pero no es así.

Recordemos que cuando se restableció el impuesto de patrimonio, creado originalmente por allá en 1935 para gravar con una sobretasa las rentas de capital por encima de las rentas de trabajo, en Cartagena sólo lo pagaron seis personas. Todo gracias a la interpretación generosa de una norma que exonera de la obligación de declarar a los extranjeros cuando están sujetos a la retención en la fuente.

Mientras tanto el Estado sigue conforme con las reiteradas oportunidades de Amnistías tributarias, siempre esperadas, a pesar de los pronunciamientos de la Corte. Las de los años 2019 y 2020 habían recaudado 1,766 billones hasta agosto de este año, según la Dian, y la de 2021, que apenas empieza, recaudaba 7.702 millones, a la misma fecha.

Horacio Ayala Vela
Consultor privado.

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