Horacio Ayala Vela
Columnista

Pan y pedazo

Estudios y comentarios de expertos nacionales y foráneos critican las grandes ventajas tributarias de las zonas francas sobre otros contribuyentes. 

Horacio Ayala Vela
POR:
Horacio Ayala Vela
septiembre 03 de 2019
2019-09-03 09:08 p.m.
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La expresión que encabeza esta columna se utilizaba hace unos cuantos años para calificar el apetito o el deseo de quien quería lograr más de lo que le estaban entregando, generalmente a título gratuito. Esta expresión, que sigue vigente, así ya no sea utilizada en el lenguaje diario, tiene frecuente aplicación en materia tributaria. Los beneficiarios de prebendas, exenciones, excepciones, descuentos, beneficios y cuantas rebajas existen en nuestro medio, viven en procura de mecanismos para extenderlas, incrementarlas, mejorarlas y en lo posible eternizarlas.

El más reciente ejemplo es evidente leyendo una sentencia, por medio de la cual la Corte Constitucional niega la pretensión de las zonas francas, para que se dejara sin efecto el incremento en la tarifa del impuesto de renta de estas entidades, que venían tributando con una tasa inferior a la mitad de lo que paga el resto de las sociedades. Además de los argumentos de orden constitucional que esgrime la Corte, les recuerda a esas entidades que ya gozan de al menos otras cuatro ventajas en materia de IVA y comercio exterior. Valga agregar, aunque la Corte no lo menciona, que los escritos de estas sociedades tributariamente privilegiadas ignoran, a propósito, que cuando se decretó el aumento del impuesto de renta, quedaron beneficiadas con la rebaja en el pago de parafiscales, ventaja económica que es para nada despreciable.

Son muchos los estudios y los comentarios de expertos nacionales y organismos internacionales que critican las excesivas ventajas tributarias de las zonas francas frente al resto de los contribuyentes, a lo cual se agrega el hecho negativo de que se conceden de manera discrecional.

Pero por supuesto no son los únicos contribuyentes que gozan de beneficios especiales y quieren pan y pedazo. Algo similar ha venido ocurriendo con la hotelería, beneficiada con una exención total con efectos sobre treinta y siete años gravables, con el agravante de que se extendió a los dueños del negocio residentes en el exterior, por defectos en la redacción de las normas, que no contemplaron la figura de las inversiones a través de sucursales. También en esta actividad se han presentado demandas ante la Corte Constitucional, por el modesto impuesto que nació a raíz de la aparición del CREE.

Seguramente, en este caso tampoco los demandantes mencionan el pequeño detalle de que la hotelería fue una de las actividades más beneficiadas con la eliminación de los aportes a salud, al SENA y al Bienestar Familiar, en la medida que sus nóminas están compuestas en más de un 99% por trabajadores que ganan menos de diez salarios mínimos.

Uno de los grandes defectos que tienen las exenciones, beneficios o renuncias tributarias, consiste en que el Estado no puede medir el verdadero impacto de esos beneficios sobre los ingresos fiscales. No solo por las enormes dificultades para calcularlo aritméticamente, sino por las evasiones y elusiones que se facilitan con las medidas exceptivas. Más frecuentes y creativas ahora, con la proliferación de mecanismos de evasión y elusión utilizando terceros países o territorios. Y porque el relajamiento de las costumbres de algunos contribuyentes y asesores estimula la tendencia a pedir pan y pedazo.

Horacio Ayala Vela
Consultor privado
horacio.ayalav@outlook.com

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