Ian Bremmer
coyuntura

¿Qué sucederá en la relación de EE. UU. y China con Joe Biden?

En todas estas áreas, la creciente asertividad de China se produce a expensas de la influencia de Occidente, y en particular de Estados Unidos.

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Ian Bremmer
marzo 31 de 2021
2021-03-30 07:30 p. m.
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Desde el cambio climático hasta la respuesta pandémica, pasando por las relaciones con Oriente Medio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tiene prioridades políticas fundamentalmente diferentes a las de su predecesor. Pero hay un punto en el que Biden y Donald Trump están totalmente de acuerdo: China es hoy el único verdadero rival geopolítico que puede amenazar la posición de Estados Unidos en la cima del orden global.

Esta es una opinión compartida en todos los niveles de la administración. Con ese fin, la Casa Blanca ha comenzado una ‘revisión estratégica’ de las relaciones entre ambos, pidiendo a los funcionarios clave que revisen las políticas hacia China y presenten propuestas sobre hacia dónde deben ir hacia delante. Ante esto, tres enfoques distintos han comenzado a tomar forma.

El primero es la contención, defendida por los ‘halcones’ más agresivos dentro de la Casa Blanca y el sistema de seguridad nacional. Este grupo cree que una guerra fría con China es inevitable dada la cantidad de problemas de ‘suma cero’ que hay entre los dos, incluidos, entre otros: el Mar de China Meridional, Taiwán, Hong Kong, los uigures y, lo que es más importante, la tecnología.

En todas estas áreas, la creciente asertividad de China se produce a expensas de la influencia de Occidente, y en particular de Estados Unidos. Esta es una preocupación particular cuando se trata de 5G y semiconductores, los cimientos de la próxima economía global. Desde este punto de vista, es fundamental que Estados Unidos se enfrente a China cara a cara en todos los aspectos de la competencia entre las grandes potencias.

Si bien el enfoque de Trump también podría describirse como ‘agresivo’, existen diferencias clave entre la versión de contención de Biden y la de Trump. Primero, que el equipo de Biden quiere abordar la amenaza china en coordinación con los aliados en lugar de hacerlo de forma unilateral. En segundo lugar, Biden no solo se centrará en golpear a China, sino que también hará más para invertir en la innovación estadounidense.

La base de este enfoque es la creencia de que no serán las acciones agresivas de EE. UU. o sus aliados las que pongan de rodillas a Pekín, sino más bien las propias políticas chinas de capitalismo de estado y autoritarismo, que consideran insostenibles a largo plazo dada la enorme deuda y las inversiones riesgosas en países en desarrollo.

La segunda opción es la de la interdependencia, impulsada principalmente por los responsables de la política económica en la administración de Biden. Para ellos, nadie gana realmente si la lucha entre Estados Unidos y China llega al punto en que amenaza fundamentalmente la arquitectura económica y financiera global.

En lugar de embarcarse en una guerra fría, quieren comprometerse constructivamente con los chinos utilizando el multilateralismo existente, reformándolo para adaptarse a China donde sea posible y creando nuevas instituciones donde sea necesario para que China actúe de manera más multilateral.

No ven problema en permitir que China expanda su presencia en el extranjero a través de programas como ‘Belt and Road’, pues aunque las carreteras y otros proyectos de infraestructura que se están construyendo no son de la alta calidad que les gustaría, reconocen que China está ayudando a elevar el nivel de vida de las personas alrededor el mundo. Esta es una visión más positiva del mundo, donde todos pueden ganar mediante la competencia, lo cual no es sorprendente para las personas que estudiaron economía.

Luego está la opción comodín encabezada por el enviado presidencial para el clima, John Kerry, y aquellos en la administración que ven el cambio climático como la mayor amenaza para EE. UU., China incluida. En lugar de seguir una política de contención o de interdependencia, quieren que la relación entre Estados Unidos y China esté al servicio de la lucha contra el calentamiento global, una batalla que debe incluir a China, el mayor emisor del mundo.

Ayuda que Kerry tenga una buena relación con los funcionarios chinos, pero de todos estos posibles caminos, este es el que está menos desarrollado. Esa es una particularidad, no un error; para los partidarios de este enfoque, la relación entre Estados Unidos y China evolucionará junto con la forma en que evoluciona la amenaza del cambio climático.

¿Qué enfoque elegirán? Conociendo al Biden de construcción de consenso, es probable que sea una combinación de los tres, ya que Biden intenta empoderar a los funcionarios de su administración al mismo tiempo que avanza en la mayor cantidad de objetivos posible en los próximos años. Eso tiene sentido a corto plazo, pero sin una estrategia integral, Estados Unidos todavía se verá enfrentado a una China con un conjunto fundamentalmente diferente de valores y estándares, y con medios cada vez mayores para exportar su propia cosmovisión al exterior.

Una revisión estratégica de las relaciones entre Estados Unidos y China es el paso correcto para los legisladores en Washington; la verdadera preocupación es lo que Washington hará con eso después de terminar el proceso.

Ian Bremmer
Presidente de Eurasia Group y GZero Media, y autor de ‘Us vs. Them: The Failure of Globalism’.
@ianbremmer

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