Iván Darío Arroyave Agudelo
coyuntura

El impacto de Hidroituango en las finanzas de EPM

El grupo no solo ha mostrado su poderoso músculo financiero ante la contingencia, sino que ha evidenciado la acertada gestión del riesgo.

Iván Darío Arroyave Agudelo
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Iván Darío Arroyave Agudelo
noviembre 06 de 2018
2018-11-06 09:59 p.m.
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Por primera vez EPM se está viendo en serios aprietos para sostener la calificación de grado de inversión internacional.

Esta situación viene forzando a la empresa a implementar afanosamente una estrategia financiera que permita mantener los indicadores financieros en los niveles exigidos por las calificadoras de riesgo, los tenedores de bonos internacionales y las instituciones financieras con que tiene obligaciones.

La más reciente evaluación de riesgos realizada a EPM por parte de Moody’s investor services, derivó la calificación Baa3 con perspectiva negativa; lo cual representa, en las escalas de esta calificadora, es decir, un nivel previo a la pérdida de su grado de inversión.

En ese mismo sentido, la firma Fitch le asignó un nivel de calificación cercano a la pérdida del grado inversión, BBB perspectiva negativa.

Se ha llegado a esta situación básicamente porque EPM emitió una serie de bonos internacionales por valor de US$500 millones con vencimiento en 2019, que están sujetos a un covenant que exige a EPM mantener la relación Deuda/Ebitda, en un nivel máximo de 3,5, es decir, por cada peso generado de caja operativa se puede tener como máximo $3,5 pesos de deuda.

Actualmente dicho indicador ronda el nivel estipulado de 3,5, sin embargo, EPM está expuesto al riesgo de que en 2019 suba a 4, debido a la contracción de los ingresos ocasionada por el retraso en la entrada en operación de Hidroituango, que se tenía prevista para diciembre de 2018.

Se estima que la contingencia ocasionaría al menos un retraso de 36 meses en la entrada en operación del Proyecto. Esto implica una disminución del Ebitda en $3,9 billones de pesos, el valor de la venta de energía que se tenía presupuestada en estos tres años.

Asi las cosas, el Ebitda se reduciría en 21% para 2019, lo que inevitablemente llevaría a tener un indicador de apalancamiento de 4. Ello ocurriría si EPM no toma urgentemente medidas conducentes a la generación de liquidez que compense esa caída del Ebitda.

Ante los tenedores de los bonos se debe hacer evidente una estrategia de generación de liquidez extra, pues de lo contrario se podría activar el covenant que obliga a EPM a pagar anticipadamente la mencionada deuda por el hecho de tener un índice de apalancamiento superior a 3,5.

Este escenario negativo, por supuesto, empeoraría sensiblemente la caja, con el consecuente incremento del índice de apalancamiento y la respectiva perdida de grado de inversión.

En tal sentido, EPM deterioraría sustancialmente su reputación y el acceso a créditos internacionales se le restringiría, los costos se elevarían y por ende se afectaría el plan de crecimiento de la cuarta empresa más grande del país.

Es importante resaltar que, esta inyección extra de liquidez no se podría hacer por la vía de deuda nueva, dado que de esa forma se activarían otros covenants de la deuda internacional de EPM que impiden contraer deudas para atender faltantes de caja.

De activarse eventualmente estos últimos covenants, los prestamistas podrían exigir a Empresas Públicas de Medellín el pago anticipapado de la totalidad de la deuda externa, la cual actualmente, asciende a $9,2 billones de pesos. Así las cosas, el remedio resultaría peor que la enfermedad.

Ante este panorama, la junta directiva de EPM aprobó un programa de desinversión en varios activos de su portafolio. En esos activos se incluyen pequeñas participaciones accionarias en algunas empresas, las acciones de ISA y la inversión de EPM en Chile.

EPM actualmente es propietaria del 10,17% de ISA con 112.605.547 acciones, que si se vendieran a los actuales precios de mercado le permitirían recibir aproximadamente $1,4 billones de pesos colombianos.

En Chile se venderían las empresas Aguas Antofagasta y el parque eólico Los Cururos, sobre las cuales EPM invirtió de US$1.200 millones.

En la venta del total de activos seleccionados para enajenar esperan recaudar entre 3,5 y 4 billones de pesos,con lo que lograrían fortalecer la posición de liquidez y así mismo cubrir los $1,5 billones de pesos de sobre costos generados por la contingencia en el Proyecto.

El pasado lunes 29 de octubre fue aprobado por el Concejo de Medellín, el acuerdo que autoriza la venta de las acciones de ISA y las otras pequeñas participaciones accionarias.
La contingencia de Hidroituango no solo ha puesto a prueba la capacidad técnica de ingeniería de EPM, sino también su solidez financiera y la calidad de la gestión que se ha tenido del portafolio de inversiones de la empresa. En materia de gestión financiera, la crisis ha evidenciado la fortaleza económica que respaldó a EPM para lograr ser el dueño del 46,3% de este proyecto, cuyo valor actualizado se calcula en $14 billones de pesos.

En síntesis, EPM ha tenido que definir, a marcha forzada, una estrategia para mantener las credenciales financieras que le dan acceso a los mercados internacionales de crédito.

Sin embargo, en medio de la crisis, el grupo empresarial EPM no solo ha mostrado su poderoso músculo financiero, sino que también ha evidenciado la acertada gestión de riesgos financieros que ha tenido a través de los años; esa buena gestión se refleja en una diversificación del portafolio de inversiones que le ha permitido crecer en el núcleo de sus negocios, al tiempo que aporta versatilidad en los momentos en que se requieren con urgencia excedentes de liquidez.

No cabe duda de que EPM tiene la suficiente capacidad económica para terminar Hidroituango y que sus indicadores financieros le seguirán permitiendo contar con el grado de inversión internacional para apalancar las futuras inversiones de esta importante empresa para el desarrollo del país.

Iván Darío Arroyave
Expresidente de la Bolsa Mercantil del Colombia (BMC)

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