Iván Duque Márquez

El éxito de los niños

Lograr la equidad de oportunidades sin corregir los daños que un ambiente turbulento causa en los menores es una tarea casi imposible.

Iván Duque Márquez
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Iván Duque Márquez
enero 31 de 2013
2013-01-31 01:13 a.m.
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En el ambiente político son cada vez menos los líderes que elaboran un discurso consistente y estructurado sobre la familia y la relación existente entre la formación del hogar y el desempeño humano. Quienes se aventuran a hacerlo suelen ser estigmatizados con rótulos de extremistas ideológicos.

Lo cierto es que el de-sempeño individual, formado desde las etapas más tempranas de la vida, está ligado a una multiplicidad de factores familiares. El año pasado, el periodista Paul Tough, quien ha investigado sobre las brechas sociales en la educación, produjo un trabajo titulado Cómo triunfan los niños. Para él, formar el carácter de un niño basado en perseverancia, autocontrol, inteligencia social, gratitud, optimismo y curiosidad se convierte en un factor de mejor desempeño escolar y, por supuesto, social.

Dentro del análisis de Tough, sustentado en investigaciones científicas de universidades como Cornell y NYU, se encuentra también que las facultades ejecutivas, es decir, aquellas habilidades mentales para enfrentar situaciones complejas e inadvertidas, son determinantes en el éxito escolar de los infantes. Lamentablemente, el estrés máximo derivado de abusos, marginaciones afectivas, traumas y familias disfuncionales atenta contra las capacidades ejecutivas de los menores. Según expertos consultados, el estrés afecta la corteza prefrontal del cerebro, lastimando el autocontrol e incluso la autoestima. 

Al tomar estos elementos de análisis y cruzarlos en una comparación de desempeño frente a facultades ejecutivas y emocionales, se aprecian diferencias muy marcadas entre menores pertenecientes a la clase media y quienes están en una situación de vulnerabilidad. La respuesta para Tough se encuentra en el estrés que suele presentarse para los niños de escasos recursos, detonado por la violencia doméstica, la exclusión afectiva y el poco contacto diario con sus padres, lo cual es tristemente más común en este segmento. 

Sin importar los variados debates que estas apreciaciones puedan generar, ¿qué nos enseña este trabajo? Vivimos en una región donde la gran mayoría de las mujeres entra en la maternidad antes de los 22 años, hay fenómenos de embarazo adolescente, paternidad irresponsable y donde la violencia doméstica o la falta de mejor tratamiento laboral a las mujeres madres se constituyen en riesgos para el ambiente de los niños. 

Educar y sensibilizar sobre los valores de la familia y el ejercicio responsable de la maternidad y la paternidad requieren liderazgo. También es necesario que los empleadores tengan un genuino interés en el balance entre trabajo y familia para que su fuerza laboral no esté aislada de sus hijos. 

Integrar a los padres con la escuela en la formación de valores permite corregir los riesgos enunciados por Tough. Pretender lograr la equidad de oportunidades sin corregir los daños que un ambiente turbulento causa en los menores es una tarea casi imposible. 

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