Iván Duque Márquez

Oportunidades adolescentes

Iván Duque Márquez
POR:
Iván Duque Márquez
junio 28 de 2012
2012-06-28 12:14 a.m.
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Siguiendo su tradición de tocar temas sensibles sin tapujos, el reporte sobre el estado global de la niñez 2011, preparado por Unicef, merece ser estudiado en detalle.

Con el título ‘Adolescencia: edad de oportunidades’, el documento nos evidencia que el 18 por ciento de la población mundial lo conforman personas entre 10 y 19 años de edad.

La importancia de los adolescentes para las políticas de desarrollo son esenciales, pues es durante esta etapa de vida cuando se adquieren hábitos, principios, valores y aptitudes que definen los rasgos familiares, sociales y laborales del ser humano, y cuyas repercusiones inciden en el tipo de comunidades que estamos formando.

Invertir en políticas públicas, que atiendan los desafíos a los cuales están expuestos los adolescentes, puede cambiar estructuralmente el desempeño socioeconómico de la sociedad.

Una visión detallada de la problemática evidencia que el 88 por ciento de los adolescentes vive en países en vía de desarrollo, que la deserción escolar tiende a agudizarse en esta etapa de formación, que un tercio de los nuevos contagios de VIH Sida se producen en jóvenes entre los 15 y 24 años de edad, y que en la gran mayoría de economías emergentes, una de cada tres niñas se casa antes de los 18 años.

A este panorama se agrega que en la transición hacia la vida laboral los adolescentes se están encontrando con un desempleo juvenil creciente y que tan solo en América Latina este supera el 16 por ciento, además de contar con peligrosas cifras de violencia.

Un ejemplo, en Brasil mueren más adolescentes por causas violentas que menores de 5 años por enfermedades.

En Latinoamérica, el entorno prende luces de alerta.

Un poco más del 22 por ciento de las mujeres inicia su actividad sexual antes de los quince años, 40 por ciento de los jóvenes no culmina la secundaria, el reclutamiento en grupos armados, maras y pandillas se inicia entre los 13 y los 16 años, y los casos de depresión están en aumento.

A pesar de este cuadro, las políticas públicas hacia la adolescencia y la juventud en la región han perdido protagonismo, y la participación de los jóvenes en el debate de la agenda que los concierne ha quedado en estructuras obsoletas y anacrónicas o sencillamente se ha desvanecido.

Por lo tanto, es urgente que la agenda de adolescencia y juventud tenga responsables visibles con estructuras institucionales sólidas; se fortalezcan los sistemas de información para dimensionar la problemática, con indicadores confiables como lo ha propuesto la Organización Iberoamericana de Juventud; se promueva la participación de los jóvenes y se les estimule como innovadores sociales, participando en la construcción de políticas públicas e iniciativas privadas, siguiendo el ejemplo empezado hace pocos años por la Casa Blanca, y se reestructuren los sistemas educativos con una orientación hacia la creatividad e inserción laboral.

No darle la prioridad necesaria a los desafíos de los adolescentes es incubar los traumatismos del futuro.

Iván Duque Márquez

Analista

ivand@IADB.ORG

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