Jorge Coronel López
columnista

Ciencia económica, en cuarentena

El error estuvo en haber creído que los problemas económicos podrían ser resueltos desde un absurdo absoluto: la eficiencia de los mercados.

Jorge Coronel López
POR:
Jorge Coronel López
marzo 12 de 2020
2020-03-12 09:07 p. m.
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No puede que ser que los aparentemente “buenos” resultados macroeconómicos sirvan para pasar por alto el virus enquistado dentro de la ciencia económica. El hambre, la pobreza, las muertes por inanición, el desempleo, la desigualdad, la miseria, la precariedad laboral y la concentración del ingreso son, entre otros, el conjunto de síntomas que revelan serios desequilibrios en el sistema económico mundial.

Seguir creyendo que la búsqueda del crecimiento económico, de la mano de menos inflación, bajo la lógica de la globalización y con la confianza de que el mercado asigna mejor los recursos que el Estado, es resistirse a salir de la caverna. El error estuvo en haber permitido y creído que los problemas económicos podrían ser resueltos desde un absurdo absoluto: la eficiencia de los mercados.

La eficiencia como bienestar, dentro de una lógica capitalista o neoliberal, supondría la producción de bienes “saludables” en cantidades razonables; lo cual a todas luces es un absurdo. El neoliberalismo como ideología no lo puede garantizar. Sus postulados se lo impiden de forma absoluta.

Si fuese cierto que el mercado conduce a condiciones de eficiencia -bienestar-, la sociedad no debería estar enfrentada a una oferta de bienes -buenos- tan limitada y tan expuesta a un exceso de bienes –malos– tan exagerada. En otras palabras, las personas no deberían sufrir por conseguir cupos, citas, cuotas y raciones en los mercados: educativo, salud y alimentos, entre otros; ni tendrían por qué padecer la oferta excesiva de la mala calidad del agua, aire y transporte público.

La poca oferta de unos bienes conduce a un canibalismo absurdo y genera privilegios de acceso por los costos y precios, además de servir de flujo para la concentración del ingreso. Mientras que la exagerada oferta de contaminación y congestión impone costos sociales muy altos que se vuelven barreras difíciles de superar para ciertos grupos poblacionales.

Ante este panorama, la ciencia económica -contagiada por el virus neoliberal- asume que estos problemas son naturales de los mercados y los trata como externalidades, lo que equivale a reconocer que el sistema está condenado a coexistir entre hambrunas, desigualdades y pobreza. La solución -vacuna- que el mismo sistema plantea es la intervención del Estado para corregirlos, poniéndose el mismo una zancadilla en su “doctrina”; pues cómo entender la incomodidad que le producía el Estado como tipo de organización ineficiente primero; y luego, con la llegada de las crisis y los fallos de mercado, cómo se atreve a afirmar que es la mejor alternativa.

Por esta razón es que el aparato estatal se mueve y aparece siempre en las crisis: financieras, ambientales, alimenticias, económicas, etc., con un enfoque muy regulador. Esta concepción es la que tiene que ser reelaborada, con el objetivo de ser capaces de proponer cambios en las relaciones que determinan el sistema. Para lograrlo, es necesario que la ciencia económica se ponga en cuarentena.

Jorge Coronel López
Economista y profesor universitario
jcoronel2003@yahoo.es

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