Jorge Coronel López

El debate del salario mínimo

Si las ventas crecen, podrá aumentar la demanda de trabajadores; pero si las ventas caen, pues se ajustará la planta de personal. 

Jorge Coronel López
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Jorge Coronel López
noviembre 24 de 2020
2020-11-24 09:27 p. m.
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Históricamente, la discusión del salario mínimo ha terminado atrapada en dos indicadores: inflación y productividad. Muchas podrán ser las discusiones, pero finalmente la decisión se toma sobre ellos. El aumento al final, con acuerdo o sin él, sigue el mismo patrón: inflación más unos puntos por productividad.

Los otros componentes que atrapan el debate son la discusión técnica y política. Las altas dosis técnicas sirven para justificar posturas políticas dentro de una mesa que aspira llegar a la concertación. Vale la pena invitar a la Comisión a dar discusiones que posibiliten avanzar hacia nuevos marcos metodológicos, que renueven el debate e inviten a encontrar puntos de discusión menos etéreos. Un hecho cierto y demostrado por la OIT, es que la productividad se desacopló de los salarios. Hoy crece más rápido la primera, que los segundos.

Una forma de avanzar en las discusiones puede guiarse por la siguiente relación: empresas, encadenamiento y demanda de trabajo. Se sabe que una empresa es proveedora de otra. Esto crea un mercado de clientes intra e intersectoriales. Esta idea asocia más la demanda de trabajo al mercado, que a la productividad, pues nadie podrá negar que el salario se paga gracias a las ventas, o mejor aún, al ingreso efectivo de las empresas; pues una empresa puede vender mucho sin que le paguen. Y este es el punto clave.

Se cree que, si las ventas crecen, podrá aumentar la demanda de trabajadores; pero si las ventas caen, pues se ajustará la planta de personal, tal como pudo haber ocurrido ahora con la pandemia. No obstante, hasta aquí hay un supuesto implícito: los pagos se efectúan casi inmediatamente al generarse la venta.

Resulta que en la práctica esto no siempre es así. Los pagos se hacen a 1, 2, 3 y hasta 6 meses después de haber vendido. Estos pagos a plazos les cierran posibilidades a las empresas proveedoras, especialmente a las pequeñas y micro. Además, tiene un agravante, pues sin haber recibido pago deben responder por el IVA: tema que debe revisarse pronto.

Pero, pensando en la discusión del salario mínimo, valdría la pena reflexionar sobre lo siguiente: ¿Cuál es el efecto sobre la inversión, demanda laboral y salarios ante pagos a proveedores más rápidos? ¿Cuál es el impacto de este shock en flujos de caja, planes de inversión, rentabilidades y empleo? ¿Ya se tienen estas cifras? ¿Cuántos empleos están enterrados en estos encadenamientos improductivos? ¿Cuál será el resultado económico de un ajuste de plazos junto a una política de modernización productiva, que tenga como marco de referencia el cambio climático y el trabajo decente? ¿Qué correlación hay entre plazos, demanda laboral y salarios?

Seguir atrapados en la inflación y la productividad impide debatir problemas estructurales del mundo del trabajo. Seguir el patrón convencional es seguir jugando a los dados con el salario, cuando debería ser un ajedrez. Esta vía no ayuda a la concertación, en cambio, si se introducen nuevos temas, tal vez sí.

Jorge Coronel López
Economista y profesor universitario
jcoronel2003@yahoo.es

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