Jorge Coronel López
columnista

El fin de la contratación laboral

De la mano de la tecnología, el autoempleo se ha fortalecido y los trabajadores empobrecido. 

Jorge Coronel López
POR:
Jorge Coronel López
mayo 15 de 2019
2019-05-15 09:04 p.m.
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Parece que con la llegada de la revolución tecnológica vino también el fin de la contratación laboral. Los indicadores laborales reflejan que el empleo de calidad se vuelto cada vez más esquivo y escaso; en cambio, vemos crecer el empleo por cuenta propia, a la vez que la informalidad no cede. También estamos siendo testigos del empobrecimiento de los trabajadores y del surgimiento de una sociedad que crece sin protección social, o con una protección social limitada y determinada según los ciclos de una contratación por prestación de servicios.

Hace tres décadas, el país emprendió un cambio en su modelo económico a través del proceso de internacionalización de la economía. Si bien dicho proceso parecía inevitable, pudo haber sido más precavido en el sentido de que la tecnificación llegara a determinados sectores para garantizar la creación de valor, y evitar que las brechas tecnológicas los aislaran y el costo social por desempleo creciera. Esta situación, sumada a la competencia externa que llegó, junto a la dificultad para acceder a ciertos mercados globales y a los históricos problemas de financiamiento que han tenido las mipymes, condujo a la estructura productiva a tenerse que refugiar en sectores tradicionales, viendo pasar la oportunidad valiosa de una reconversión empresarial y de un fortalecimiento más descentralizado de la producción. Fuimos testigos de cómo las oportunidades de empleo se fueron estrechando en la medida en que las empresas se fueron liquidando.

Las nuevas empresas creadas no sustituyeron los empleos perdidos, mientras que el desajuste por competencias entre los desempleados todavía no ha sido superado. Sin embargo, los gobiernos de turno en vez de asumir el reto de dinamizar los modos de producción, evitar la concentración del capital en ciertos sectores, facilitar el acceso al crédito microempresarial, coadyuvar en la renovación tecnológica, promover empresas y no dejar este asunto al mercado e impedir el desperdicio de mano de obra, se enfrascaron en la idea de la flexibilización laboral: facilitando la contratación y abaratando los despidos, pero, sin percatarse que sin acceso a mercados, las empresas no contratarían o lo harían según pedidos. Por ello, la contratación terminó siendo por servicios o temporadas, exponiendo a los trabajadores a un mercado desigual. Cada desempleado compite por un puesto que no siempre se democratiza.

Ante este panorama fracasado, el neoliberalismo instaló la idea de que cada uno podía ser independiente, emprendedor o autoempleador; y fue así como surgió una generación de ‘emprendedores’ que ven frustrados sus sueños por falta de apoyos o por sacrificios muy grandes sin beneficios. De la mano de la tecnología, el autoempleo se ha fortalecido y los trabajadores empobrecido. Hace veinte años ver un profesional ejerciendo labores que no le correspondían se veía como una decepción social, pese a que podría contar con un contrato y su respectiva seguridad social. En cambio, hoy vemos una situación semejante, pero mediada por una aplicación, sin contrato, ni protección social, y aún así, quieren hacerlo pasar como un emprendedor. ¿De cuando acá el emprendimiento es sinónimo de precariedad? El fin de la contratación, aún es combatible.

Jorge Coronel López
Economista y profesor universitario
jcoronel2003@yahoo.es

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