Juan Carlos Quintero Calderón
Columnista

Corre Forest, ¡Corre!

Con esa escena en mente reflexioné si organizacionalmente deberíamos recibir gritos similares que incitarán a la acción.

Juan Carlos Quintero Calderón
POR:
Juan Carlos Quintero Calderón
marzo 02 de 2021
2021-03-02 07:30 p. m.
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Con seguridad recordará a Forest Gump, y le invito a evocar la escena en la que Jenny, para evitar que Forest fuera golpeado, le grita: “corre Forest, ¡corre!”. El sale corriendo y a pocos metros rompe el bitutor, un aparato ortopédico con barras metálicas que le permitía estar en pie, logrando correr con más rapidez para estar a salvo.

Con esa escena en mente reflexione si organizacionalmente deberíamos recibir gritos similares que incitarán a la acción, gritos que podrían provenir de los clientes, pero no del 1% o el 5% sino de más del 90%, inclusive, del cliente interno, que silenciosamente, lamenta la falta de acción sintiendo que el mundo gira a pasos agigantados mientras que las mentes y la gestión de la empresa van a paso de tortuga.

Podríamos concluir que hay que liberarse de cuanta limitante merme la acción, por ejemplo: procedimientos que no han tenido en los últimos dos años ninguna revisión, personas anquilosadas por su antigüedad ocupando el mismo cargo por años, sin haber sido formadas para ocuparlo y despreocupadas por alimentar su conocimiento, porque para que pensar diferente.

Estas dos limitantes, son las más recurrentes que hemos identificado en nuestros clientes, logrando, oportunamente r-evolucionarlos con éxito, pues, una vez realizados múltiples análisis como el de los “porqués” propuesto por Sakichi Toyoda, evidenciamos que son la raíz que mina el crecimiento en el mercado y el crecimiento interno de la organización.

Es muy probable que esta situación le sea familiar y sea de los que se da cuenta, y lo exprese o no, con sinceridad podría haber salvación, porque los que creen que todo está bien y se niegan a cambiar, padecen de miopía y otitis aguda, enfermedades que les impedirá comprender lo que sucede hasta que no toquen fondo y les sea imposible salir.

¿Qué hacer? No quiero desanimarlo pero las tres soluciones ponen en riesgo su estabilidad, pero estoy convencido que es lo que menos le preocupa, pues, es consciente de sus capacidades. Así que aquí vamos.

La más fácil, es tomar la decisión de despedirse de un Titanic que se hundirá muy pronto. Otra opción, es levantar la mano, hacerse sentir, no quedarse callado o proponer ideas disruptivas, pero, le aseguro que será objeto de bullying o acoso, y lo más probable es que no volverás a ver la luz. O a lo mejor sí, pero, esa que esta al final del túnel.

Por último, podría hacer parte de ese barco y hundirse con él. Así que la decisión está en sus manos, pero, si está leyendo este diario es porque no hace parte esas personas anquilosadas, y con seguridad, tienen la capacidad de enfrentarse a grandes desafíos. ¿Qué decisión tomaría?, ¡muévase, pues, no es un árbol!


Juan Carlos Quintero Calderón
Ideólogo de la felicidad del Cliente.
juancquinteroc1@gmail.com

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