Juan Lucas Restrepo Ibiza

Agua pasó por aquí…

Juan Lucas Restrepo Ibiza
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
febrero 27 de 2014
2014-02-27 01:19 a.m.
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Fue mucha el agua que cayó entre 2010 y 2011, y muchos los estragos que generó. En los Montes de María, el invierno se ensañó con uno de los principales generadores de ingreso campesino, el aguacate, que desde hace décadas compramos a los productores de esa zona para acompañar ajiacos y sancochos.

Los árboles de aguacate en esta región fueron sembrados a finales del siglo XIX como sombrío del café, sobrevivieron la erradicación de este cultivo y quedaron dispersos en el paisaje del bosque tropical de la alta montaña para ser cosechados por los campesinos.

El ICA realizó un censo en la zona a 889 productores que representan aproximadamente el 42 por ciento de los afectados.

El 58 por ciento de sus árboles –unos 157 mil– murió en los últimos dos años. De 72.000 toneladas producidas en el 2004, hoy no se produce ni la mitad.

Los árboles muertos incluyen plantas de más de cien años y árboles sembrados en los últimos cinco años.

¿Qué pasó? Un hongo del suelo llamado Phytophthora cinamomi, que tiene parientes que le dan duro a la palma, la papa, el cacao, entre otros, aprovechó el prolongado exceso de humedad para matar los aguacates. Un patógeno endémico que tomará cualquier oportunidad para volver a desbaratar los nuevos cultivos si no lo tenemos en cuenta.

El Gobierno, a través de Corpoica, está desarrollando una estrategia de reactivación agrícola para apoyar a los aguacateros damnificados.

Con los agricultores se identificaron y geo- rreferenciaron 227 árboles criollos sobrevivientes, con buenos frutos, de los que se toman sus semillas para producir plantas (patrones) y sus yemas (brotes de las ramas) e injertarlas en los patrones, y así mantener la diversidad de la zona; y también, injertando yemas de otras variedades comerciales escogidas por los agricultores. La meta es entregar 65.000 árboles en el 2014.

La siguiente etapa es fortalecer las capacidades de asociaciones locales de campesinos de forma que sean ellas las que promuevan sus variedades, armen sus viveros y vendan localmente materiales injertados.

Luego deben venir trabajos que mejoren el manejo de los cultivos en las fincas para que se vayan tecnificando, incrementando densidades, podas, salud y nutrición, y asociándose a otros cultivos, algo que deben desarrollar con el apoyo de asistentes técnicos locales. Finalmente, desarrollar estrategias de acopio, mercadeo y valor agregado (el aceite de aguacate tiene muy buenas perspectivas).

Lo anterior debe ser apalancado por el sector público a través de sus diferentes políticas en lo nacional y lo regional, y el sector privado.

Las entidades de investigación tenemos que dedicarnos a resolver los problemas estructurales del cultivo de aguacate.

Necesitamos desarrollar o identificar patrones resistentes o con altos niveles de tolerancia a los patógenos del suelo y bioproductos que mejoren el desempeño de estos, como gran prioridad.

Esto es clave para soportar la producción en otras zonas del país de variedades como el Hass, que está creciendo y tiene importantes oportunidades de exportación, pero que también ve morir muchos de sus árboles por estos patógenos.

En paralelo, debemos desarrollar las metodologías de multiplicación masiva de patrones que bajen su costo, estrategias para mitigar los efectos de la variabilidad climática y en general, las tecnologías de manejo integral del cultivo. Sin este tipo de trabajos técnicos en agricultura que mejoren la productividad, vamos a terminar diciendo ‘agua pasó por aquí, ‘cate’ que no lo vi’.

Juan Lucas Restrepo

Director de Corpoica

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