Juan Lucas Restrepo Ibiza

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Juan Lucas Restrepo Ibiza
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Juan Lucas Restrepo Ibiza
noviembre 21 de 2013
2013-11-21 02:21 a.m.
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En el 2010, The Economist publicó un artículo que hablaba de las tres razones del éxito del desarrollo agrícola brasileño: 1. Embrapa, 2. Embrapa y 3. Embrapa. Más allá del humor, se explicaba cómo esa empresa de investigación agropecuaria del Gobierno de Brasil, apoyó, en gran parte, el desarrollo de esta potencia agrícola mundial.

Embrapa cumplió 40 años. Tiene 2.200 investigadores con doctorado y un presupuesto estatal de 1 billón de dólares anuales, cuantifica rigurosamente su aporte a la economía del país, y concluye que la inversión de la sociedad en Embrapa representa 7,80 reales por real invertido. El desarrollo brasileño ha contado con políticas y herramientas adicionales, pero Embrapa siempre ha estado ahí. Corpoica es la entidad colombiana equivalente a Embrapa y cumple 20 años. Tiene 67 investigadores con doctorado y un presupuesto estatal de 50 millones de dólares (en el 2010 fue de 25 millones de dólares). Su historia ha estado llena de incertidumbre y crisis.

En 1978, el Ciat y el ICA –que por entonces tenían el mandato de la investigación agrícola– trabajaban en Carimagua discerniendo cómo aprovechar las sabanas ácidas de la Altillanura, e investigadores de Embrapa venían a aprender sobre suelos y pasturas para aplicarlos en su frontera agrícola, el Cerrado brasileño. Por esos mismos años de la revolución verde, Colombia enviaba investigadores a hacer doctorados en el exterior y a su regreso, desde el ICA, desarrollaban investigaciones y productos tecnológicos que nutrían el desarrollo de nuestro campo. Estábamos en el pelotón de punta, conectados con la gestión de conocimiento mundial. Algo falló profundamente.

¿Olvidamos que las ganancias en productividad requieren inversión y esfuerzo continuos del Estado en investigación y desarrollo? ¿Preferimos que esa platica que se dedicaba al ICA investigador se usara en alternativas más atractivas políticamente como los apoyos directos? ¿Pensamos que los privados asumirían la tarea? Independientemente de las razones, lo cierto es que, hoy, buena parte de nuestros sistemas de producción tienen un desempeño pobre y no han avanzado en las últimas dos décadas.

Pero las cosas son aún más complicadas. Jeffrey Sachs contaba que las semillas y las tecnologías que se desarrollaban en el cinturón maicero de EE. UU. se podían montar en un avión que volaba hacia el sur, pasaban por encima del trópico (asumamos Colombia) y aterrizaban en los climas análogos de los países del cono sur, que con poco esfuerzo terminaban contando con dichas tecnologías de punta. El avión no paraba en Colombia porque su cargamento no sirve para nuestro trópico, ya que la tecnología agropecuaria se desarrolla para condiciones específicas ambientales. Si vemos países con climas parecidos a Colombia, como Kenia, vemos que su desarrollo productivo también deja mucho que desear. Esto quiere decir que contamos con nosotros y pocos más para desarrollar las tecnologías específicas para nuestro trópico. Completando la dicha, Colombia es muy heterogénea en su oferta agroclimática, lo que implica un esfuerzo adicional al que deben hacer los países subtropicales con territorios más homogéneos.

Esta es la situación en la que nos encontramos y de la que solo salimos si el Estado se la juega toda por la innovación en el sector, no solo con plata, sino desarrollando un modelo institucional en el que Corpoica, las universidades, los Cenis, y otros actores nacionales e internacionales trabajen mancomunadamente para recuperar el tiempo perdido. En esas andamos.

Juan Lucas Restrepo

Director ejecutivo de Corpoica

jlrestrepo@corpoica.org.co

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