Juan Lucas Restrepo Ibiza
columnista

Que no nos deje el bus

Sería maravilloso que Colombia repensara nuestro sistema alimentario. ¿Qué tal, presidente Duque, una misión liderada desde el DNP sobre este tema?

Juan Lucas Restrepo Ibiza
POR:
Juan Lucas Restrepo Ibiza
junio 17 de 2019
2019-06-17 09:20 p.m.
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EAT es un movimiento sin animo de lucro que trabaja para que el mundo migre hacia dietas nutritivas y sostenibles, produciendo más alimentos con menos recursos naturales. La semana pasada desarrolló en Suecia la quinta versión del ‘EAT Forum’, un evento que reunió a mil personas de unos 80 países y conectó alrededor de 250 mil más a sus discusiones. Por sus salones y talleres pasaron ministros, presidentes de empresas pequeñas y globales, organismos multilaterales, académicos, chefs y sociedad civil.

El ‘EAT Forum’ no es un evento aislado. El interés creciente que suscita se deriva de la convicción, cada vez más generalizada, de que el sistema alimentario le está fallando a la humanidad: no solo a los consumidores, sino a todos los actores de la cadena, comenzando por los productores, cuyas condiciones en buena parte del mundo son cada vez más precarias.

Los productores reciben por sus cultivos precios que frecuentemente están por debajo de los costos directos de producción y que casi nunca reconocen los servicios ecosistémicos provistos por los que producen bien. El drama del café es un buen ejemplo: un producto que atrapa a millones en la pobreza, con breves y cada vez menos frecuentes momentos de prosperidad, donde unos pocos centavos adicionales pagados en una taza podrían cambiar muchas vidas si se lograran llevar de regreso a las manos de los productores.

Por otro lado, la oferta alimentaria actual enferma a millones de consumidores en el mundo. La OMS tasa en 15 millones las muertes anuales ‘prematuras’ de personas entre los 30 y 69 años que mueren ya no solo por fumar, beber y el sedentarismo, sino por sostener dietas insalubres que son la causa de enfermedades crónicas costosas para los afectados, sus familias y los sistemas de salud. El drama humano es mayor debido a personas hambrientas, obesas o malnutridas, que no comen bien por desconocimiento, desinformación o porque no encuentran lo que les conviene. Y para completar el panorama, el sistema alimentario deja trazas indelebles en los recursos naturales afectando el agua, los suelos y apagando nuestra enorme biodiversidad.

Ante un escenario tan negativo, un periodista me preguntaba la semana pasada si había una solución. Mi respuesta fue que, por supuesto la había, pero que el tiempo juega en contra, ya que, cada día sin cambios disruptivos que aplazan la solución, nos llevan a un planeta mucho menos agradable que el actual.

Las soluciones requieren de una enorme decisión política desde los niveles globales hasta los locales, que ajusten las reglas de juego, cambien el sentido de los incentivos a las cadenas de valor para reorientarlas e involucren al sector privado. Requieren de inversiones mayores en investigación, ciencia y tecnología que integre conocimientos y tecnologías de frontera como la edición génica, inteligencia artificial y blockchain, con abordajes agroecológicos que promuevan territorios prósperos donde ‘todos pongan’. Y pasa por educar al consumidor sobre la calidad y los efectos de lo que ingiere para que coma sabroso y sano una mezcla adecuada y racional de productos frescos de origen vegetal y animal.

Sería maravilloso que Colombia repensara nuestro sistema alimentario para que no nos deje el bus. ¿Qué tal, presidente Duque, una misión liderada desde el DNP sobre este tema?

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