Juan Manuel Pombo

Ni rojo ni negro

Juan Manuel Pombo
POR:
Juan Manuel Pombo
junio 06 de 2014
2014-06-06 05:50 a.m.
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No recuerdo a propósito de qué se escribió aquel artículo en el diario The Guardian, pero sí recuerdo la esencia de aquella inteligente reflexión: no importa qué partido triunfe en unas elecciones, las políticas generales de cualquiera de los dos serán casi las mismas.

El texto surgió, sin duda, en medio de una de esas coyunturas que les encantan a los profetas del fin, como las elecciones presidenciales de 1980 en las que Reagan se enfrenta y le gana a Carter, blandiendo una nueva guerra contra las drogas e invade la isla de Granada o las siguientes, en 1984, cuando derrota estruendosamente a Walter Mondale y acto seguido bombardea a Libia, sin dejar de vociferar contra el ‘imperio del mal’, o en 1989, cuando Bush ‘papá’ le gana a Dukakis o, por último, en el 2001 cuando Bush ‘hijo’, con el ampuloso respaldo de su papá y de Reagan (ahora con Alzheimer, pero héroe indiscutible de la Guerra Fría), le gana a Al Gore tras perder el voto popular, una cochina campaña puritana y dudosas manipulaciones del voto electoral en el estado de Florida.

Y pues sí, o mejor, pues no: no se acabó el mundo en una conflagración nuclear. Ni estalló la tercera guerra mundial. Ni invadieron a Venezuela y Bolivia entrando por Ecuador. Entonces, a pesar de varios escándalos y atrocidades como Irangate, la bomba del vuelo 103 sobre Lockerbie, la de la discoteca de marines en Berlín, los subsiguientes bombardeos en represalia y un par de guerras (Irán e Irak), la vida sigue igual. Bueno, más o menos igual, porque cayó el Muro de Berlín y colapsó ese monumental fracaso que fue la Unión Soviética; y en Estados Unidos se eligió a Barack Obama y en Uruguay a ese gran señor que es José Mujica. Y pronto legalizarán la marihuana en el ancho mundo; y las Farc desaparecerán por substracción de materia, aunque las Bacrim y la corrupción con seguridad seguirán reproduciéndose como gusanos fragmentados hasta que por fin legalicen todo pero, felizmente, creo yo, el mundo será cada vez un poquito mejor, gracias a ese mal menor: las elecciones tal y como las conocemos en las democracias electorales realmente existentes.

Porque, como decía el artículo, no importa quién gane, pero sí cómo y cuántos votamos: esa masa crítica de votos es la que se encarga de que las políticas generales sean más o menos las mismas, la que obliga esos giros ‘políticos’ de 360º no importa quién gane; es la batalla de los votos la que equilibra la balanza y por eso el chantaje del tremendismo es burundanga: ni Santos es la paz ni Zuluaga la guerra, cualquiera de los dos hablará con las Farc (ese diálogo tan sustancial como insulso), pero la verdadera agenda, es decir, una política cada vez menos marrullera y más racional, unos partidos más partidos y menos bolsa de empleos, solo avanzará lenta, muy lentamente si votamos: votando ganamos todos porque así obligamos, forjamos la agenda de quienquiera que gane.

Juan Manuel Pombo
Profesor y traductor
juamanpo@yahoo.com

 

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