Juan Manuel Pombo
columnista

Turismo: despacito y con buena letra

Intentemos un turismo inteligente y sostenible. 

Juan Manuel Pombo
POR:
Juan Manuel Pombo
octubre 25 de 2018
2018-10-25 08:48 p.m.
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Flaco favor el que Di Caprio hizo a la isla de Ko Phi Phi Leh cuando popularizó, hace 20 años, una de sus playas con una película tonta,sí, titulada La playa, playa que, por estos días, las autoridades tailandesas por fin cierran a los más de 5.000 turistas y 200 embarcaciones que venían invadiéndola diariamente, dejando a su paso ingresos anuales de más 1,5 millones de euros y un volumen de residuos inmanejable y letal.

Hasta ahora, lo único bueno de la insidiosa vejez ha sido aquello de que (casi) todos los días, algo nuevo aprendo. El algo en este caso fue entender a cabalidad un bonito concepto: ‘prueba de carga’. La epifanía vino en paquete turístico. Tras otro fin de semana con lunes festivo (seguro que si en la Ocde los cuentan nos niegan la membrecía), una vecina contó que pasó un fin de semana ocupando dos noches y tres días un hotel para realizar justamente eso: una ‘prueba de carga’ previa inauguración.

Dije epifanía con conocimiento de causa: en ese instante descubrí la que hubiera sido mi verdadera vocación: curí voluntario y perenne en alguna cadena de hoteles, probando desayunos, almuerzos, bares, colchones y duchas con salario mínimo mundial, alimentación incluida y 15 días de vacaciones al año, lejos de (…), de infiernos como la playa en el archipiélago Phi Phi en el mar de Andamán.

Dado que uno de los síntomas del subdesarrollo suele ser llegar tarde e imitar mal, lo que me aterra de los posibles proyectos de turismo de calidad que el país podría, en efecto, ofrecer, es que las peregrinaciones a nuestros más entrañables altares naturales se diseñen sin previa ‘prueba de carga’ para establecer, no solo el peso que aguantan los puentes colgantes, sino el número de orinales necesarios para que unas bellas manitas de aguas termales no se conviertan en un infierno sobresaturado de familias, adolescentes y extranjeros ahogándose en una marejada de decibeles insoportables y efluvios malsanos para niños, jóvenes y ancianos.

Intentemos un turismo inteligente y sostenible que trate nuestra flora, fauna, topografía y territorios humanos como hoy tratan las cuevas de Altamira, en Cantabria, y la Galería de los Oficios, en Florencia: otorgando entradas por algoritmo. En los Uffizi establecieron tarifas variables dependiendo de la temporada y, para tranquilidad de selfinópatas que entran se toman una foto y salen solaz de quienes prefieren regodearse ante algunos maestros, midieron el flujo de visitantes y sortearon los trancones que La Primavera de Botticelli o la Venus de Urbino de Tiziano a veces provocaban. Así, tras algunas ‘pruebas de carga’ y previa cita electrónica, ya no hay colas infinitas, nadie espera más de 15 minutos para entrar y luego todos observan con tiempo suficiente para saciar su peculiar necesidad.

Calibremos, pues, el algoritmo de visitas a la Fuente de Lavapatas, de avistamientos del carriquí verdiamarillo, del corocoro rojo, de meras bandadas de pericos y guacamayas al vuelo y respaldemos todo con bellos y bien redactados manuales de feliz recordación.

Juan Manuel Pombo
​Profesor y traductor
juamanpo@yahoo.com

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