Juan Manuel Ramirez M.
Columnista

Regulación inteligente

Las plataformas de domicilios no tienen claro cómo contratar a sus mensajeros y los usuarios reclaman protección frente al uso de sus datos.

Juan Manuel Ramirez M.
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
noviembre 12 de 2020
2020-11-12 10:22 p. m.
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Mientras escribo esta columna hay una carrera contrarreloj entre los taxistas que anuncian paro nacional el 24 y 25 de noviembre y, de otra parte, los congresistas que tramitan diveros proyectos de Ley para reglamentar las plataformas digitales de transporte. A los taxistas no les gustan estas iniciativas porque consideran que se está poniendo en cintura el funcionamiento de la solución tecnológica y no del servicio de carros particulares. Pero lo que no han entendido es que la preocupación final es el usuario que reclama mejor servicio, y que responda a las nuevas formas de consumo digital.

Y es que si algo queda claro con los debates crecientes en torno a las plataformas digitales de transporte con Uber, Didi y Cabify, las soluciones tecnológicas de domicilios con Rappi, Domicilios.com o Merqueo, los servicios virtuales de alquiler de viviendas por días con Airbnb y las formas de distribución de contenidos audiovisuales con Netflix, HBO o Amazon es que el consumidor es el nuevo regulador en la Cuarta Revolución Industrial. En pocas palabras, si el usuario usa el servicio y, sobre todo, si es de manera masiva, los gobiernos están obligados a reglamentar el sector o, por los menos, a impulsar a través del Legislativo una modernización de las normas de cara al crecimiento del mercado y la protección de los usuarios.

Nada más ejemplificante que la pandemia del Covid-19 que estamos viviendo por estos días. Mientras entre enero y marzo de este año observábamos a través de las noticias cómo el virus empezó a expandirse rápidamente de Asia a Europa, en Colombia nos declarábamos en ese momento incrédulos frente a lo que podría ser uno de los hechos más graves de la historia; luego, el tiempo le dio la razón a los más pesimistas. Con la economía digital pasa lo mismo. Vemos, a través de las noticias, cómo Norteamérica, Europa y Asia avanzan en regulaciones que buscan anticiparse a los cambios generados por cuenta de la transformación digital de los sectores productivos.

Mientras tanto, en Colombia, la discusión se limita a si reglamentar o no algo que ya está inventado en otros lugares del mundo; para efectos prácticos, tenemos clara la vacuna pero nos negamos a utilizarla. Y eso sucede porque en América Latina la tecnología transcurre a un mayor ritmo que las políticas públicas por no hablar de reglamentaciones. Por supuesto que el tema está en la agenda tanto de Gobierno como del Legislativo y eso es un avance importante como país frente a la región.

Sin embargo, los debates no dan espera y tienen que acelerarse al tiempo que los taxistas insisten en paralizar al país, las plataformas de domicilios no tienen claro cómo contratar a sus mensajeros y los usuarios reclaman protección frente al uso de sus datos. Si queremos convertir a Colombia en un Sillicon Valley, como bien lo ha propuesto el Presidente de la República, la agenda debe combinar conectividad para las regiones más apartadas, empresas transformadas digitalmente, pero sobre todo, regulaciones modernas y que abran las puertas a nuevas soluciones tecnológicas.

Juan Manuel Ramírez M.
CEO de Innobrand 
ibaweb@hotmail.com

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