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Juan Manuel Ramirez M.
Columnista

Tributaria y emprendimiento 

Ya no se trata de convertir a Colombia en el Silicon Valley de América Latina sino de rodear a los valientes que se refugiaron en el emprendimiento. 

Juan Manuel Ramirez M.
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
septiembre 22 de 2022
2022-09-22 10:16 p. m.
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La ponencia de primer debate de la reforma tributaria que se radicaría la próxima semana en el Legislativo y que busca recaudar $25 billones para financiar los programas sociales del nuevo Gobierno tiene inquietos a todos. Tanto ciudadanos como empresarios han expresado sus preocupaciones frente a lo que les representará la política del ‘todos ponemos’. Y es que depende desde donde se mire, Colombia puede ser un país donde ya se paga muchos impuestos (es el argumento de algunos empresarios que reclaman mayor competitividad) o donde más bien estamos lejos de lo que sucede en los países desarrollados donde el 70% de lo que se recibe se deduce (para garantizarles luego a los ciudadanos todo un Estado de bienestar en salud, educación, transporte e infraestructura).

Sin embargo, a veces las políticas públicas se formulan sin comprender el contexto de los afectados. Es el caso de los emprendedores que prendieron las alarmas sobre lo que generaría un desestímulo a la inversión en emprendimientos colombianos o incluso la relocalización de los mismos en otros países. Hoy como nunca es muy fácil abrir una empresa en La Florida, Delaware o Ciudad de Panamá sin salir de casa. Se trata del impuesto al patrimonio que incluye a quienes hacen emprendimiento y ven crecer sus startups a buen ritmo sobre la base del valor futuro. En ese mundo, el de las ideas de negocios que se hacen realidad, el mayor activo son las expectativas que hábilmente compran los inversionistas a través de sofisticados mecanismos de negociación.

Gravar a los emprendedores sobre la base de lo que costarían sus startups constituye una barrera para la consolidación de ese boom de emprendimiento, sobre todo de base tecnológica, que hoy representa miles de puestos de trabajo mejor remunerados que el resto de los sectores productivos (Fedesoft calcula que el déficit de talento TIC en Colombia asciende en 2022 a 123.000 personas), un impulso a las regiones desde donde se conectan de manera remota miles de ingenieros, programadores, marketeros, testeadores y científicos de datos para trabajar en compañías nacionales o extranjeras y la solución a problemáticas latentes de un país lleno de desafíos pero que con tecnología se han ido superando (inclusión financiera, ineficiencia en servicios públicos, bajos ingresos o acceso a salud o educación de calidad).

Ya no se trata de convertir a Colombia en el Silicon Valley de América Latina (como cuando se habla de copiar la marca de una camiseta) sino de rodear a aquellos valientes que se refugiaron en el emprendimiento antes que en la comodidad de un trabajo para generar empleos, resolver problemas, conquistar inversionistas y hacer de este un mejor país. Vamos a apoyarlos y la buena noticia es que hay un gobierno y un Congreso que escuchan. La discusión apenas comienza.

Juan Manuel Ramírez M
​Profesor adjunto Universidad del Rosario 
j@egonomista.com

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