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Juan Manuel Ramirez M.

Voto electrónico

Incursionar en el voto electrónico significa identidad digital para confirmar quienes votaron.

Juan Manuel Ramirez M.
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
junio 16 de 2022
2022-06-16 09:00 p. m.
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El panorama electoral en Colombia no puede ser más preocupante. Los colombianos han sido testigos de una contienda marcada por un verdadero campo de batalla entre las campañas con noticias falsas, acusaciones, investigaciones, amenazas y hasta denuncias contra los organismos electorales. Cualquiera que sea el resultado, probablemente muy reñido entre las partes, ya está anunciado que el candidato que pierda difícilmente reconocerá el triunfo de su contrincante y pondrá en duda el trabajo de la Registraduría.

Seguramente la otra semana estaremos ante reclamos de un reconteo de votos y casos, a través de las redes sociales como ya es costumbre, de presuntos delitos electorales en las regiones.

En ese sentido, no puede ser más necesario revivir el debate sobre la necesidad del voto electrónico en Colombia. Hay que recordar que desde el 2014 la Ley establece que el país debería haber incursionado en esa modalidad de participación electoral, que tiene muchas formas pero un mismo componente tecnológico. Sin embargo, el proceso tiene más voces en contra que a favor. Hoy, casi una década después, se argumenta falta de recursos económicos, infraestructura innecesaria, carencia de acceso a conectividad para toda la población y falta de apropiación digital de la ciudadanía.

No son pocos los países que votan de manera electrónica, como es el caso de Estados Unidos, Estonia o Brasil, pero también están los que como Alemania han preferido evitar esa alternativa. Los que están a favor dicen que el voto electrónico incentiva, por facilidad, a que más personas voten, facilita el conteo, aumenta la eficiencia del sistema electoral y si se optara por el blockchain se podría decir que los datos allí consignados resultan inmodificables. Los que están en contra, por otro lado, consideran que el software puede ser manipulable, que genera barreras de acceso para las personas mayores o que desconocen el uso de herramientas digitales y que mientras no haya conectividad en el 100% del territorio trazará un escenario desigual en materia electoral.

Dicen los expertos que un proceso electoral resulta confiable si garantiza tres principios: confidencialidad del voto, transparencia y control ciudadano. Esos tres ítems son precisamente los que garantiza la tecnología. Incursionar en el voto electrónico significa identidad digital para confirmar quienes votaron, evita la posibilidad de manipular esos formularios que el día posterior a las elecciones aparecen alterados en las redes sociales, acaba con la necesidad de un preconteo y un conteo, ahorra costos de papelería, facilita la verificación contrario a lo que dicen los más críticos y ofrece cientos de beneficios más.

No se entendería cómo en estos tiempos de ecommerce, telemedicina, inteligencia artificial para la entrega de subsidios, vehículos y drones no tripulados autónomos, entre tantos otros, no se implementa el voto electrónico. ¿Será más bien que a muchos elegidos no les conviene? Probablemente.

Juan Manuel Ramírez M.
Profesor Universidad del Rosario / j@egonomista.com

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