Juan Manuel Ramirez M.

La era de las ciudades que piensan

Juan Manuel Ramirez M.
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
junio 18 de 2013
2013-06-18 05:19 a.m.
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Se necesita reenfocar las ciudades de América Latina desde los conceptos de eficiencia y sostenibilidad para así brindar calidad de vida a los ciudadanos.

Semáforos que regulan los tiempos según los trancones, sistemas de acueducto y energía automatizados para reducir desperdicios, y plataformas de iluminación en las calles que se encienden al paso de los transeúntes son algunas de las herramientas que hoy se encuentran disponibles en la oferta para ciudades, pero que poco se vienen aplicando en Colombia.

Hace uno días se llevó a cabo el Xperience Efficiency, que lideró la multinacional Schneider Electric en Bogotá y en el que quedó clara la necesidad de integrar los diferentes dispositivos que convierten a una ciudad en inteligente, más allá de instalar sistemas por separado. No existe excusa para ninguna urbe; todas las compañías tecnológicas están ofreciendo en sus portafolios componentes de eficiencia y sostenibilidad, que se integran entre si; un ejemplo destacado fue Hewllett Packard que presentó un sistema de eficiencia energética para las compañías que mantienen su información en servidores.

El reto, por ahora, lo tienen los gobernantes, que deben comprender la necesidad de transformar sus propias ciudades. Al fin y al cabo, cuando se habla de mejoramiento de la calidad de vida y de reducción de los impactos ambientales por cuenta de los altos consumos en las áreas urbanas, en realidad a lo que se está haciendo referencia es a la necesidad implícita de replantear los sistemas de funcionamiento de una metrópoli para satisfacer la demanda de servicios de las personas.

Entre las bondades de dar pasos hacia la construcción de ciudades inteligentes se encuentran, por ejemplo, el menor consumo de energía eléctrica que pueda complementarse con eólica o páneles solares, el uso más eficiente del agua como servicio público, el aprovechamiento de las basuras, el mejoramiento en tiempos y capacidad de reacción de servicios como el de las ambulancias y los médicos, además del manejo automatizado de la movilidad a partir de la información masiva sobre las vías alternas.

Aunque Bogotá tiene una oportunidad de oro para apuntarle a esta tendencia global, otras opciones como, Medellín, Cali y Bucaramanga, podrían resultar escenarios perfectos para modelar el concepto de ciudad inteligente gracias a sus tamaños. Un caso que podría tenerse en cuenta es el de Ibagué, capital de un departamento que alberga una gran reserva de oro y que, en caso de ser explotado, aún no se sabe –sus ciudadanos– en qué invertir las ganancias.

Así las cosas, las capitales colombianas requieren transformaciones estructurales que garanticen verdaderas condiciones para sus inversionistas y, por supuesto, para los habitantes. La discusión es mucho más profunda que determinar si construir o no una línea del metro, hay que pensar más bien es qué ciudad queremos dejarles a nuestras futuras generaciones.

Juan Manuel Ramírez Montero

Consultor privado

ibaweb@hotmail.com

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