Juan Pablo Córdoba
columnista

Subsidios al revés

La mejora en la distribución del ingreso no se logra exonerando a toda la población, sino haciendo que los hogares de mayores ingresos aporten más.

Juan Pablo Córdoba
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Juan Pablo Córdoba
septiembre 24 de 2018
2018-09-24 09:19 p.m.
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De cara a la inminente reforma tributaria que debe aprobarse en el Congreso antes de finalizar el año, es indispensable revisar algunos elementos del diseño de nuestra política pública. Resulta irónico que en nombre de los pobres y de la equidad, algunos programas del Estado estén plagados de falsas premisas que terminan generando distorsiones y perpetuando beneficios para unos pocos y para los hogares más ricos de la población.

El resultado de este arreglo institucional es que la distribución del ingreso en Colombia no mejora luego de todas las intervenciones del Estado (impuestos y transferencias). En consecuencia, esta debería ser la discusión: cómo hacemos más justa y eficiente la combinación de impuestos y subsidios para que mejore la distribución del ingreso en el país y el funcionamiento de la economía.

El ejemplo más palpable de ello es el sistema pensional público que concentra 75 por ciento de los subsidios en el 40 por ciento más rico de la población. Este rubro, que ya se acerca a los 40 billones por año, es el más grande del presupuesto nacional y cobija a muy pocas personas. El subsidio del Estado a una persona que logra la pensión máxima en este sistema ronda los 1.000 millones de pesos en valor presente. ¿Cuál puede ser la justificación de preservar un sistema tan inequitativo en un país como Colombia, con un ingreso per cápita 50 veces inferior a ese monto?

Otro ejemplo del deficiente diseño de nuestra política pública es el régimen de exclusiones, exenciones y tarifa reducida en el IVA. Con el argumento de proteger a los pobres, terminamos entregando tremendo beneficio a las clases medias y altas a través de menores impuestos al consumo. Con ello se está privando al Estado de los mayores recursos que necesita para fortalecer la inversión pública y aumentar el impacto de la política social, precisamente para ayudar a esos hogares más pobres. Al igual que en el caso de pensiones, el 65 por ciento del beneficio de este tratamiento preferencial de bienes en el IVA lo percibe el 40 por ciento más rico de la población.

La propuesta de reforma del Ministro Carrasquilla apunta a resolver estos problemas y en consecuencia debería ser apoyada. Un IVA proporcional sin exclusiones ni exenciones y con un programa de transferencias compensatorias anticipadas a los hogares más pobres es la forma más justa de instrumentar los impuestos al consumo.

Colombia tiene, además, el privilegio de tener bien estudiada a su población pobre y tener también ya implementados programas que entregan transferencias en dinero a los hogares. Estos programas, como Familias en Acción, pueden adecuarse fácilmente para hacer las transferencias a los hogares más vulnerables que puedan verse afectados al corregir los graves problemas de diseño que tiene el IVA hoy en el país.

La mejora en la distribución del ingreso no se logra exonerando a toda la población, sino haciendo que los hogares de mayores ingresos aporten más proporcionalmente que los hogares de menores ingresos. Ojalá esta vez nuestros dirigentes permitan que se dé la discusión con objetividad y transparencia, sin demagogia, en beneficio del país. Y no como nos pasa con frecuencia, que se dice que una propuesta no es políticamente viable para enterrarla sin siquiera dar la discusión y ‘dejar así’.

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