León Teicher
columnista

¿Obesidad democrática?

Poca democracia es muy malo. Estrangula la libertad individual, impide el ejercicio pleno de derechos humanos esenciales como la libre expresión.

León Teicher
POR:
León Teicher
diciembre 17 de 2018
2018-12-17 08:47 p.m.
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Tener poca comida es muy malo. Se pasa hambre, se enflaquece, el organismo débil es presa fácil de enfermedades. La desnutrición es un problema de salud pública que consume recursos de la sociedad.

Tener mucha comida también es malo. Comer demasiado genera obesidad y serios problemas de salud. Crea dificultad para conseguir ropa y espacios adecuados para viajar, para conseguir pareja, amén de muchos otros inconvenientes.

La obesidad también es un problema de salud pública que consume recursos de la sociedad. Lo que los expertos recomiendan es moderación. Una dieta balanceada que contenga los nutrientes esenciales para una vida saludable, pero no más, y nada en exceso. Cuando la persona no practica el balance se enferma. O le toca acudir a métodos de emergencia como el bypass gástrico.

De igual manera, poca democracia es muy malo. Estrangula la libertad individual, impide el ejercicio pleno de derechos humanos esenciales como la libre expresión, el voto democrático, el respeto a las diferencias, la libre empresa. La desnutrición democrática es un problema de salud social que impide el sano desarrollo de una sociedad.

¿Existe, entonces, el fenómeno opuesto, la ‘obesidad democrática’? ¿Aquel en el que el exceso de libertad individual genera serios problemas en la sociedad? ¿Uno en el que se reclaman cada vez más derechos, pero se rechazan los deberes? ¿En el que no importa si no hay con qué pagarlos? ¿En el que, en nombre de la libertad de expresión, muchos insultan e irrespetan a otros, a veces disfrazados de humoristas, e incluso se promueven odio, fanatismo y violencia contra quienes opinan diferente?

¿Obesidad democrática en la que basta que en los medios se insinúe que alguien ha cometido un delito para que la población proceda a condenarlo sin presunción de inocencia? ¿En la que una acusación en redes lleva a un grupo de gente a linchar a alguien por la simple sospecha del crimen del que se le acusa?

¿Obesidad democrática en la que se busca la participación ciudadana a ultranza a través de bloqueos y motines varios, ignorando los mecanismos institucionales creados precisamente para ordenar la discusión pública y la búsqueda de consensos?

La obesidad democrática es también un problema de salud social que impide el sano desarrollo de una sociedad. Hay que decir que no son aconsejables las dietas tipo Pinochet, Fujimori, Maduro, Ortega, Evomorales, ni la extrema dieta Castro o la peligrosa Kim Jong-Un. Todas ellas pueden llevarlo a uno de la obesidad a la hambruna democrática.

Como en el caso de la alimentación, los expertos recomiendan moderación. Una dieta balanceada para una vida saludable, pero no más, y nada en exceso. No sea que los extremos nos lleven a ser testigos involuntarios de métodos de emergencia como el bypass democrático.

Lo dijo el profesor Mauricio García Villegas en El Orden de la Libertad: “el pueblo sufre más por el desorden y la inseguridad que por la inequidad”. Y ni hablar del sufrimiento generado por la anarquía y la cacofonía de opiniones indignadas y obesas de democracia.

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