León Teicher
columnista

Para expertos en Jerusalén

Lo peor que le puede pasar a uno es que Donald Trump le haga un favor o un elogio. Es el toque del diablo. Cosa que le acaba de suceder a Israel con el tema de su capital, Jerusalén.

León Teicher
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León Teicher
diciembre 10 de 2017
2017-12-10 07:26 p.m.
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Lo peor que le puede pasar a uno, por estos días, es que Donald Trump le haga un favor o un elogio. Es el toque del diablo. Cosa que le acaba de suceder a Israel con el tema de su capital, Jerusalén. Las redes sociales se incendian con críticas de ‘expertos’ en el Medio Oriente.

Vale la pena hacer un rápido recuento de algunos hechos históricos, como que Jesús estuvo en Jerusalén cuando ese era el Estado judío, hace 2.000 años. Y que descendía del rey David, el de David y Goliat, rey del Estado de Israel hace 3.000 años. Lo cual es una verdad inconveniente para el análisis del conflicto, pues Palestina no existía en ese entonces y el nombre lo inventaron los romanos, no los árabes, para denominar a su colonia de aquellos tiempos, de la cual luego expulsaron masivamente a los judíos porque no se dejaban dominar fácilmente.

De manera que el Estado judío no lo inventaron las Naciones Unidas. Estas legalizaron la recreación, en sus tierras ancestrales, del antiguo Estado judío. Desde ese momento, Jerusalén ha sido su capital.

Otra cosa es que a raíz de las múltiples guerras iniciadas por los vecinos árabes para “echar a los judíos al mar” y de su control del petróleo que el mundo necesitaba para funcionar, la comunidad internacional decidió no reconocer a Jerusalén como la capital. Único país del mundo en el que los visitantes se toman el derecho de decidir dónde localizar sus embajadas.

En 1995, el Congreso de Estados Unidos aprobó, por amplia mayoría bipartidista, una ley que establecía que la Embajada de ese país en Israel debía estar en Jerusalén. Pero, ya sea por miedo a la retaliación petrolera árabe, o “para no estorbar las negociaciones de paz”, los presidentes Clinton, Bush, y Obama sucesivamente pospusieron la decisión oficial.

Ocurre que después de 22 años de ‘prudencia’, las negociaciones no han fructificado y ahora la crítica a la decisión de Trump es que “pone en peligro la paz”.

Olvidan los ‘expertos’ que al presidente Egipcio Anwar Sadat, quien firmó la paz con Israel, lo mataron por eso. Y que al primer ministro israelí, Ytzhak Rabin, que firmó los acuerdos de paz de Oslo con los palestinos, también lo mataron por eso. Que los palestinos se dividieron a muerte entre la OLP y Hamás, estos últimos reconocidos como terroristas por la mayor parte de los países serios del mundo.

A pesar de eso, ahora el obstáculo para la paz es que alguien (qué vaina que sea Trump) le reconozca a Israel, país democrático y moderno, en el que viven 1,8 millones de árabes con los mismos derechos ciudadanos de los 6,5 millones de judíos, su derecho soberano de decidir cuál es su capital.

Me pregunto ¿por qué los ‘expertos’ no protestan con igual vehemencia las masacres en Siria, la financiación iraní del terrorismo internacional, las dictaduras generalizadas en los países musulmanes? Lo grave y escandaloso es que Estados Unidos ponga su embajada en donde el Estado israelí tiene su capital.

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