León Teicher

Miopías que matan

León Teicher
POR:
León Teicher
agosto 16 de 2012
2012-08-16 12:24 a.m.
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Me hago la ilusión de que alguien haya leído mi artículo ‘La responsabilidad pública de la empresa privada’, publicado en Portafolio.

En él, presento una visión de cómo aquellos que creemos en el modelo de empresa privada y libertad de mercados, estamos en la obligación de asegurar que este entregue la ayuda prometida a toda la población de forma equitativa.

Afirmo que de no ser así, aquellos que no se benefician del modelo estarán atentos cuando algún ‘salvador de la patria’ les ofrezca la promesa de un sistema más justo.

Hay tres argumentos: uno, que el modelo capitalista ha probado, a lo largo de la historia y ancho del planeta, ser el que más eficientemente genera progreso económico.

Dos, que el modelo en sí mismo no basta para garantizar que la riqueza generada no sea acaparada en pocas manos.

Tres, que, de continuar la desigualdad, el modelo se torna insostenible, y eventualmente la mayoría no beneficiada exigirá, de una manera u otra, que se ensaye uno nuevo.

Concluyo planteando que, ya sea porque genuinamente sintamos la obligación de asegurar la equidad (me incluyo en ese grupo) o nos preocupe solo nuestro propio bienestar, es imperativo que trabajemos para que el modelo sea sostenible a largo plazo. Y la sostenibilidad la dan la generación de riqueza y su repartición equitativa.

¿Quién define el modelo y se asegura de que funcione? Libertad implica, necesariamente, un régimen democrático. Por ello, usamos el sistema de los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. A los primeros dos se accede a través de la política.

Los que en ellos dirigen son ‘los políticos’. El Judicial, por definición, debe ser imparcial y no político. Lamentablemente, en Colombia se ha tergiversado su naturaleza y es ahora, también, un poder político (de ‘políticos’, aunque vestidos con togas). ¿Y los demás ciudadanos? Les achacamos las culpas a ‘los políticos’, sintiéndonos impotentes para cambiar el curso de las cosas, pensando que estamos en manos de ellos, y, por lo tanto, poco es lo que podemos hacer.

La gente del común está muy ocupada tratando de asegurar su supervivencia como para poder empoderarse e impactar las decisiones de ‘los políticos’.

Hasta que eventualmente haya una crisis y un catalizador, como ha sucedido en los últimos años en Venezuela y otros países cercanos y lejanos.

Pero, ¿lo que llamamos ‘clase dirigente’, que al excluir a ‘los políticos’ deja como jugadores más poderosos a los empresarios, tiene algo que decir o hacer?

Si la respuesta es un fracasado no, habrá que resignarse a esperar para ver hasta cuándo nos dura el modelo. Y tener un sitio alterno a dónde irnos cuando se agote.

Como los venezolanos o los cubanos en Miami. Pero si la respuesta es que no solo tenemos la posibilidad de hacer algo, sino, además, la obligación de realizarlo, ¿qué estamos esperando? Planteo, entonces, a ‘la clase dirigente’ que, en lugar de enredarnos en discusiones mezquinas sobre minucias del modelo o sobre qué parte le corresponde a cuál ego, en vez de dejarle toda la tarea a ‘los políticos’, en vez de actuar miopemente alrededor de nuestro ‘ismo’ favorito, sin visión de un futuro colectivo, debemos asumirnos como políticos activos, adoptar una visión conjunta que se base en los ‘acuerdos sobre lo fundamental’ y copiar la energía que mueve a los extremistas de todos los tipos para actuar colectivamente

Ello, por altruismo o por egoísmo, para defender un modelo que no solo sea el más eficiente per cápita, sino que a cada ‘cápita’ le entregue su porción de los beneficios.

Leon Teicher

Empresario

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