Luis Alberto Correa
columnista

Pacto contra la economía estática

En la exposición del Plan de Desarrollo no hay un objetivo claro sobre la visión de Colombia en el largo plazo.

Luis Alberto Correa
POR:
Luis Alberto Correa
diciembre 18 de 2018
2018-12-18 09:45 p.m.
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Los sucesivos informes de organismos internacionales y nacionales sobre distribución del ingreso, productividad, competitividad e innovación en Colombia concluyen que muy poco se ha avanzado en los últimos 15 años, y el gobierno Duque en vez de considerar los casos de países exitosos, Corea, Chile, Perú, Israel, Irlanda, persiste en la misma receta de errores. La infraestructura con casos tan dramáticos como el túnel de La Línea, la vía Buga Buenaventura, la Ruta del Sol II y III y la vía al llano llevan más de 15 años sin conclusión, pero si con sobrecostos, corrupción tipo Odebrecht, demandas en tribunales, comunidades en pleitos, predios en negociación. Sin olvidar los escándalos de: Reficar, Electricaribe e Hidroituango.

Nuestra agroindustria también presenta similar crisis con la creciente importación de más de 15 millones de toneladas de productos agropecuarios, a pesar de la disponibilidad de más de 10 millones de hectáreas que permitirían una verdadera revolución verde, merced a la tecnología digital de punta y su potencial industrialización, con lo que se podría, en el corto plazo, impulsar el crecimiento de la inversión, el empleo y un significativo mejoramiento de la inclusión y equidad.

La acentuada caída de la industria en el PIB, explicada, en parte, por los altos costos de producción y, también, por la sostenida revaluación del peso, que por la bonanza de los precios de los commodities energéticos, relajaron a los responsables de la política económica, y ante una clara ausencia de un Departamento Nacional de Planeación fuerte y con visión de largo plazo, que ha distraído su norte con temas como la depuración del listado de vinculados al Sisbén, el errático manejo de los proyectos de las regalías, la falta de criterio técnico del Fonade, además, contratando costosos estudios sobre la felicidad de los colombianos, el desperdicio del consumo en frutas y verduras, y sobre los ingresos de los grupos ilegales. Asimismo, temas neurálgicos como el de financiación, cobertura y calidad de la salud, la educación e inversiones en ciencia y tecnología, no muestran avances significativos.

El asunto fiscal también hace parte de este manejo contradictorio. Se sigue con la receta facilista de subir el IVA a pesar de su efecto recesivo, como sucedió cuando se incrementó de 10 al 16 por ciento bajo Uribe II, y hace dos años con la torpe subida al 19 por ciento, y que luego se pretendío generalizar a toda la canasta familiar, pero no se ordenó el ineficiente gasto público heredado en un presupuesto inflado en 10 por ciento. Lo imperativo es la eliminación de las exenciones tributarias, así como aumentar la tarifa a los dividendos si los objetivos son la equidad y eficiencia.

En la exposición del Plan de Desarrollo no hay un objetivo claro sobre la visión de Colombia en el largo plazo, ni cuáles sectores impulsarán el dinamismo de la economía, se listan unas inversiones y unas metas, pero sin la integración y coherencia que aseguren la inserción del país en la cuarta revolución industrial. Además, no hay conciencia de los efectos de la alta concentración del ingreso y la presencia de estructuras monopólicas y oligopólicas en toda la economía; seguimos obnubilados con el manejo macroeconómico y no entendemos qué es lo que hacen bien los demás países que nos dejaron rezagados.

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