Luis Alberto Zuleta J.
Análisis

La crisis financiera del 2008

En la coyuntura actual, los desequilibrios cambiarios en algunos países y la tensión comercial, podrían tener efectos en los mercados financieros.

Luis Alberto Zuleta J.
POR:
Luis Alberto Zuleta J.
septiembre 25 de 2018
2018-09-25 08:05 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc2595bece.png

Al conmemorarse 10 años de la que se denominó ‘La Gran Recesión’, se han publicado muchos artículos internacionales preguntándose si esta crisis tiene todavía efectos y qué puede hacerse para que no se repita.

Un indicador sencillo sobre los efectos, estimado por McKinsey, consiste en comparar los flujos globales de capital (crédito, inversión extranjera directa, bonos y acciones del año 2007 con los de 2015. Este indicador era de 12 trillones de dólares en el 2007 y de un poco más de 3 trillones en el 2015.

Con respecto a la severidad de la crisis en el sistema bancario de Estados Unidos, comparado con Colombia, la cartera bancaria vencida sobre la cartera total de las crisis colombianas recientes alcanzó un nivel de 23,5 por ciento en 1985 y del 13,9 por ciento en 1999 (nuestra crisis hipotecaria o crisis del Upac), y hoy es del 5 por ciento, habiendo registrado niveles del 4 por ciento en años anteriores.

El secretario del Tesoro durante la crisis americana, Timothy Geithner, en sus memorias Pruebas de estréss, fija como límite máximo para las pruebas de estrés americanas el nivel alcanzado por la banca americana en la crisis de los años 20, que fue del 9,1 por ciento de la cartera vencida. El índice máximo de cartera vencida de los bancos americanos durante la crisis del 2008 fue cercano al 6 por ciento. Este solo indicador mostraría que Colombia tiene experiencia en enfrentar crisis financieras.

Pese a que las discusiones entre Estados Unidos y Europa después de la crisis hicieron difícil lograr un consenso sobre las medidas requeridas, con la participación del G-20 se logró una agenda básica que le dio relevancia a un nuevo convenio denominado ‘Basilea III’, el cual exigió mayor calidad y nivel de capital básico a las entidades financieras y mayores requerimientos de liquidez. También por la influencia del expresidente de la Reserva Federal, Paul Wolcker, se exigieron mayores niveles de capital a los bancos con riesgo sistémico y se exigieron adecuaciones de capital ajustadas a las mencionadas pruebas de estrés. Algunas operaciones y entes antes no regulados como los derivados y fondos de cobertura fueron sometidos a regulación, en un cronograma que se ha ajustado gradualmente. También se exigió la coordinación entre las distintas autoridades que intervienen en materia regulatoria y de supervisión. Estas medidas han tenido, en general, resultados favorables en los principales indicadores con un retardo en la banca europea de algunos países.

Si se comparan los indicadores de los principales mercados colombianos de la última crisis de 1999 (mercado de crédito, mercado de capitales, mercado de previsión social y mercado asegurador), puede observarse un enorme proceso de fortalecimiento en el tiempo y de cumplimiento gradual de las exigencias de Basilea III apoyados por entidades internacionales que han asesorado a la Superintendencia Financiera colombiana incluyendo a Canadá. El recorrido ha sido largo y fructífero, pero no exento de riesgos, que se han venido gestionando profesionalmente según modelos internos de las entidades y modelos de referencia de la autoridad de supervisión.

En el manejo de la crisis Colombia formuló alivios a los deudores al día, que fueron efectivos, impulsó el régimen de titularización de la cartera hipotecaria y ha venido reformando las reglas del juego, no solo de la operación de los mercados, sino también de la organización, pasando de un modelo de matriz y filiales a uno intermedio de multibanca.

El Banco de la República en todo este periodo ha cumplido un papel extraordinario utilizando su instrumento de tasa de intervención, aún en contravía de tendencias internacionales cuando el crédito de los hogares se expandía indeseablemente, logrando su amortiguación.

El gobierno de Obama tuvo que enfrentar con celeridad la crisis en su país y generó nuevas reglas del juego que para Wall Streat son insostenibles y presionan por su flexibilización frente al gobierno Trump, abandonando la regla Wolcker.

El premio nobel de economía Paul Samuelson afirmaba que si los mercados no se estabilizan a sí mismos, la ausencia de regulación es una posición subóptima que conduce al desequilibrio.

Mucho se ha aprendido a nivel internacional y en Colombia para manejar las crisis y tratar de evitarlas, pero una lección permanente ha sido recurrentemente olvidada. Cuando las economías están en auge, el mayor peligro consiste en acelerar la colocación de cartera en proyectos de baja rentabilidad. Las políticas regulatorias de los mercados financieros deben ser anticíclicas para preservar su salud. En la coyuntura actual, los desequilibrios cambiarios en unos países y la tensión comercial que ha introducido el gobierno americano podrían tener efectos en los mercados financieros.

El gran historiador de las crisis financieras, el economista Charles Kindleberger, y más recientemente Kenneth Rogoff en su libro Esta vez es diferente, nos hacen pensar que una característica de los banqueros y de los gobiernos en el mundo es su facultad de olvidar.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado