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Luis Felipe Chavez
Columnista

Estatuas Históricas

Demolamos la del Pensador de Auguste Rodin, simplemente por eso, por pensar.

Luis Felipe Chavez
POR:
Luis Felipe Chavez
junio 21 de 2021
2021-06-21 08:30 p. m.
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A propósito de los actos vandálicos generados por las protestas recientes, donde en varias ciudades del país manifestantes derribaron estatuas que han acompañado la cultura de las ciudades, veamos un repaso histórico de la importancia de esta expresión artística.

Desde la antigua Mesopotamia, Persia, Grecia, Roma, Egipto y épocas como la Edad Media, el Renacimiento, el Barroco, la Ilustración y la Colonización Americana entre otras, los bustos, estatuas o esculturas humanas representan manifestaciones religiosas, políticas y sociales que han acompañado las civilizaciones demostrando por un lado una legitimación del poder en algunos casos y en otros, una sencilla expresión artística.

En la historia de la humanidad hay patrones que desde el punto de vista antropológico no han dejado de existir como la corrupción, la legitimación del poder o la puja por la territorialidad y la demostración artística no se aleja de estos intereses.

Si tumbaron la estatua de Antonio Nariño quien, de hecho, tradujo y defendió los derechos del hombre y del ciudadano, veamos entonces a modo satírico cuales otras también deberíamos arrojar al piso.

Derribemos las representaciones artísticas de Abu Simbel en Egipto pues Ramsés II derrotó a los Hititas en la batalla de Qadesh, uno de los pueblos imperiales más importante de oriente.

Entonces deberían tumbar la estatua de Abderramán en Almuñecar quien se convirtió en el primer emir independiente de la dinastía Omeya arrebatándole el poder a los Visigodos.

Por consiguiente, se deberían arrojar al piso todas las estatuas de los reyes católicos de Castilla y Aragón, quienes le quitaron el poder a Boabdil aquel 2 de enero de 1492. Desterremos, las estatuas de Ciro El Grande, Alejandro Magno, Ricardo Corazón de León y Carlo Magno pues conquistaron grandes territorios en Europa y Asia media, y derribemos las estatuas de Bolívar, O’Higgins, Miranda y San Martín pues para apostarle a una gesta de libertad tuvieron que combatir y matar a muchísimos españoles.

Llevemos al suelo todas las estatuas y bustos de Moctezuma, pues a pesar de las historias narradas por Bartolomé de las Casas, lo que cuenta Hernán Cortez es que fue uno de los líderes más sangrientos de Centroamérica.

Tumbemos la estatua de Perseo hecha por Benvenuto Cellini, por haberle cortado nada más y nada menos que la cabeza a una mujer. Y no nos olvidemos eliminar la estatua del David de Miguel Ángel por haber eliminado al pobre Goliat.

Derribar las estatuas de Napoleón por haber invadido Egipto y el busto de Nefertiti por no habernos dejado las claves concretas para encontrar su cuerpo, no sin antes tumbar el Moisés de Miguel Ángel por tener cachos y la Venus de Milo por pertenecer al periodo helenístico, que no permitían ideas como las de Sócrates quien sería seriamente envenenado. ¿Saben qué? Ya que estamos en eso, demolamos también la del Pensador de Auguste Rodin, simplemente por eso, por pensar.

Algún día lograremos que la historia no se debe juzgar, sino entenderla.

Luis Felipe Chávez Giraldo
Historiador

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