Luis Felipe Sáenz
columnista

¿Subir impuestos contra una depresión?

Gravar a los hogares para amortiguar apenas 1% del PIB, además de ser un número tímido en proporción a la deuda necesaria, es un paso equivocado. 

Luis Felipe Sáenz
POR:
Luis Felipe Sáenz
abril 27 de 2020
2020-04-27 09:33 p. m.
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¿Subir impuestos para evitar una depresión?

La crisis económica producto del freno en seco al que sometimos a la economía para proteger el sistema de salud y salvar vidas es de tal magnitud que los economistas no podemos dejar de pensar (y opinar) al respecto. Mea culpa. El riesgo de que la actual recesión se convierta en depresión es real, y la artillería debe estar a la altura de la batalla. La diferencia entre una recesión y una depresión no es sutil. Mientras en una recesión las dificultades son pasajeras (uno o dos años), una depresión tiene el potencial de perpetuar el deterioro económico y su magnitud durante una década, alterando el modo de vida, el sistema político y el tejido social por generaciones. Ya nos dirán los números que hoy estamos en recesión, pero no tenemos el lujo de la espera para actuar con determinación. Es importante reconocer que el gobierno ha dado pasos firmes en la dirección correcta, pero aún falta.

Los fantasmas de depresión son paradójicos para un economista: Lo que parece una pésima receta en tiempos normales termina siendo un riesgo digerible. Y viceversa.

La Facultad de Economía de la Universidad de los Andes ha propuesto varias iniciativas dentro de las cuales quiero destacar dos: impuestos extraordinarios y prestamos directos del Banco de la República al gobierno. Mientras los prestamos por parte del emisor son un ejemplo de riesgos digeribles, pensar en subir impuestos - así sean solo para quienes puedan pagarlos - no es buena idea.

Es claro que algunas familias están en el borde de subsistencia mientras otras tienen algo de capacidad para navegar el impasse. La informalidad, el desempleo y la pobreza son amplificadores nefastos del Covid-19.

Sin embargo, la solución no pasa a través de una redistribución de excedentes asumiendo que hay familias que pueden aguantar más impuestos sin tumbar el consumo y el ahorro que se pretende estimular. De una u otra forma todos ya estamos poniendo. La propuesta es en esencia un subsidio cruzado y no un estímulo agregado para prevenir una depresión que traerá justamente más informalidad, desempleo y pobreza. Según cálculos de Uniandes, los impuestos extraordinarios recaudarían cerca de 1% del PIB.

Si estamos considerando romper la larga y prudente tradición de evitar prestamos directos del emisor es porque nos enfrentamos a la urgencia de desembolsar un estímulo que supera con creces cualquier financiamiento “normal”. No tiene sentido acabar con la caja que puedan tener algunas familias extrayendo recursos que se necesitan circulando en la economía. Gravar a los hogares colombianos para amortiguar apenas 1% del PIB, además de ser un número tímido en proporción a la deuda necesaria, es un paso en la dirección equivocada.

Hoy no es momento de subir impuestos. Ya vendrá el día para pensar cómo vamos a pagar de manera equitativa estas recetas. Es probable que esta pregunta defina la agenda de los próximos años.

Por lo pronto, si bien no hay política que pueda aliviar por completo los golpes colaterales y asimétricos de esta pandemia, el norte de las iniciativas debe estar direccionado a evitar que esta recesión se convierta en nuestra Gran Depresión.

Luis Felipe Sáenz
Profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Carolina del Sur

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