Manuel José Cárdenas
Columnista

Aterrizando el 21N

No basta buscar soluciones propias de una sociedad industrial, que son las que se están planteando.

Manuel José Cárdenas
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Manuel José Cárdenas
diciembre 02 de 2019
2019-12-02 10:00 p.m.
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Con la convocatoria de una “Conversación Nacional” el Gobierno está tratando de reaccionar a las marchas del 21 de noviembre (21N) que constituyen un despertar de la ciudadanía que pide un cambio general y que no se contentan con reformas parciales en materia laboral, educativa, ambiental, como inicialmente se creyó.

También parecen insuficientes los seis temas (corrupción, educación, paz con legalidad, medio ambiente y crecimiento con equidad) que el presidente definió como los ejes centrales de la Conversación porque ellos están más cerca los temas incluidos en el Plan de Desarrollo 2019 -2022 y no de una visión más amplia del cambio político, económico y social que exige el país frente a las transformaciones globales.

El hecho de fondo, como lo sostiene el historiador israelí Yuval Noah Harari en su libro “21 lecciones para el siglo XXI” es que el final de la historia, como lo afirmaba Francis Fukuyama en 1992, se ha pospuesto. En efecto cuando parecía al final del siglo XX que las batallas ideológicas entre el liberalismo, el fascismo y el comunismo, daban triunfo al liberalismo con el capitalismo de libre mercado y la política democrática y derechos humanos, nos enfrentamos hoy a un rumbo inesperado en donde muchos comienzan a perder la fe en el liberalismo que había dominado la política global y, por en ende, este no tiene un futuro claro.

El hecho es que desde la crisis global de 2008, los decepcionados por el liberalismo crecen y con el nacimiento de la sociedad posindustrial, hay, que tener en cuenta dos retos que para Harari son muy importantes y van a cambiar la visión del mundo: la infotecnología (desarrollos tecnológicos, inteligencia artificial, robots…) y la biotecnología (modificar genes, transgénicos…).

Es obvio que las máquinas y los robots mejoran nuestra vida y, a la vez, nos quitan el trabajo. El poder de las máquinas, junto con la IA (Inteligencia Artificial) es inmenso y tienen dos capacidades muy importantes: la conectividad y la capacidad de actualización. Por ejemplo, en conducción automática de vehículos, dos automóviles podrían conectarse para acordar quien pasa primero y evitar estrellarse. Además, cualquier nueva norma de tráfico o mejora del software podría actualizarse en todos los vehículos automáticos de forma inmediata.

Por otra parte, evitar la pérdida de puestos de trabajo no es una buena opción, porque supone abandonar las ventajas de la mecanización, pero tampoco podemos hacerlo sin dar alternativas a los empleados. Harari alaba lo que ocurre en Escandinavia, donde los gobiernos siguen el lema "proteger a los obreros, no los empleos."

Una forma de hacer esto es lo que se llama las "dos erres": Reducir la jornada laboral y fomentar la Renta Básica Universal (RBU) que consiste en una subvención a las tarifas de los servicios básicos universales: educación, sanidad, transporte…

De acuerdo con lo anterior, no basta que se busquen soluciones propias de una sociedad industrial, que son las que se están planteando, sino que hay que ir más adelante para encontrar soluciones ajustadas a una sociedad postindustrial, basada específicamente en el desarrollo técnico y la investigación científica, la educación y las tecnologías de la información y conocimiento.

Manuel José Cárdenas
Consultor internaciona

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