Manuel José Cárdenas
Columnista

Las memorias de Obama

Era un reformista, un conservador en temperamento, aunque mi visión política no lo fuera. Correspondería a otros juzgar si demostré sabiduría.

Manuel José Cárdenas
POR:
Manuel José Cárdenas
enero 24 de 2021
2021-01-24 05:48 p. m.
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El primer volumen de las memorias del expresidente Barack Obama, publicado en noviembre pasado, ha tenido un éxito contundente, ya que ha sido objeto de varias ediciones y traducido a 19 idiomas. Unas memorias en las que el análisis sobre las posibilidades de Estados Unidos se mezclan con un ejercicio de introspección, ya que en “Una tierra prometida”, deja claro desde su título la fe inquebrantable en el futuro del país que gobernó entre 2009 y 2017, y que ahora está, a su juicio, “al borde de una crisis democrática” por la extrema polarización.

En el libro hace un autorretrato más introspectivo que el habitual en las memorias de los expresidentes estadounidenses, motivado de una parte por el talento de Obama para la narrativa y, por otra, por el deseo de reflejar la historia como si fuera su propia historia. En ese ejercicio de “mirar hacia adentro” hace un profundo interrogatorio de sí mismo, en donde reflexiona sobre los verdaderos motivos que los impulsaron a tomar sus decisiones.

Esta afirmación especialmente valida en la forma como enfrento Obama la crisis de las hipotecas sub-prime y la aprobación de la Ley de Recuperación Económica. “Hasta el día de hoy analizo informes sobre la desigualdad creciente en los Estados Unidos, su reducida movilidad social ascendente y sus salarios estancados”, escribió, “y me pregunto si debería haber sido más audaz en aquellos primeros meses, si debería haber estado más dispuesto a causar un dolor económico mayor en el corto plazo en busca de un orden económico que cambiara para siempre y fuera más justo”.

Sin embargo, la responsabilidad del cargo pesó sobre su conciencia de manera inesperada: “Alguien con un alma más revolucionaria podría responder que todo eso hubiera valido la pena, que hay que romper huevos para hacer una tortilla. Pero por más que yo haya estado siempre dispuesto a alterar mi propia vida para perseguir un ideal, no estaba dispuesto a asumir esos mismos riesgos cuando se trataba del bienestar de millones de personas. En ese sentido, mis primeros 100 días en el cargo revelaron una fibra básica de mi carácter político: yo era un reformista, un conservador en temperamento, aunque mi visión política no lo fuera. Correspondería a otros juzgar si demostré sabiduría o debilidad”.

En sus memorias solo hace referencia a Trump en el prefacio. Dice que su sucesor representa algo “diametralmente” contrario a todo lo que es él, y agrega que su populismo ya estaba presente en las elecciones de 2008 que él ganó, en los mítines repletos de gente de la candidata republicana a la Vicepresidencia, Sarah Palin. Ese movimiento trastocó la vida política de su país que ahora está marcado por “divisiones profundas”, inmerso en una pugna existencial entre “dos ideas opuestas de lo que es EE. UU. y lo que debería ser”, señala el expresidente. Es optimista sobre el largo plazo y las nuevas generaciones, reafirmando su convicción de que con “trabajo duro, determinación y buena dosis de imaginación”, EE. UU. podrá mostrar “lo mejor que tenemos”.

Manuel José Cárdenas
Consultor internacional
emece1960@yahoo.com

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