María Mercedes Moreno
columnista

El Bhérunda

No se trata de no hacer nada, sino de no hacer más de lo mismo, que nos tiene fracasados y autodestruidos.

María Mercedes Moreno
POR:
María Mercedes Moreno
septiembre 25 de 2018
2018-09-25 08:15 p.m.
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Cuenta la leyenda, que una de las dos cabezas del pájaro Bhérunda, en desquite por el egoísmo con el que la primera cabeza se había comido sola una fruta, decidió comerse otra fruta, aunque advertida de que esta era venenosa. Como tenían un solo cuerpo, el Bherunda murió gimiendo.

A muchos nos parece que, a pesar del egoísmo con el que el narcotráfico sigue impulsando la coca, es totalmente irracional que nuestros gobernantes nos hagan tragar veneno. Nos dicen que el glifosato es de bajo riesgo y su uso por el Estado es análogo al comercial en la actividad agrícola a nivel mundial. Si el glifosato fuera de tan bajo riesgo, no mataría. Mientras exista un mínimo peligro, el Estado, por obligación constitucional, no lo puede aplicar por principio de precaución. No hay plan de manejo ambiental que, consciente del daño, permita violar este principio aduciendo minimización de daños.

Este químico genera polémica y demandas legales en el mundo y su uso por el Estado colombiano, así solo contabilicemos la fumigación oficial de la coca con glifosato que data de 1984, no ha parado la expansión de la droga. La prueba ‘lineal’ es que, de atacarnos a 10.000 hectáreas en 1984, ya saltamos, nos dicen, a 209.000 hectáreas en el 2017. Sin perder de vista que el Estado colombiano asperja experimental e infructuosamente todo tipo de químicos en el territorio nacional desde 1978.

Las fumigaciones han significado billones de pesos al erario por daños colaterales a cultivos y animales. Aunque el nexo causal entre glifosato y enfermedades en animales ha sido develado. y Colombia es un laboratorio químico por excelencia, no ha habido seguimiento clínico. Pero, como dice el exministro de Salud, Alejandro Gaviria, “cualquier epidemiólogo sabe que la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”.

Entre los daños colaterales habría que calcular que los ríos en los que, indefectiblemente, escurrirá el ‘glifosato’ estatal, así se asperje a metro y medio por encima de la mata y por drones, son sujetos de derechos que no pueden ser impunemente perjudicados por el Estado. A esto se suma que el gobierno colombiano no fumiga con glifosato. Posiblemente, esté fumigando con una formulación Glyfos, que es RoundUp© y el surfactantes Cosmo-Flux 411©. Mezcla potenciada con una exposición de 3.69 kg a.e./ha., o incluso con el glifosato chino Cúspide 480SL®, igualmente potenciado en concentraciones y dosis superiores a las que se permiten en la agricultura llamada ‘tradicional’.

No se trata de no hacer nada, sino de no hacer más de lo mismo, que nos tiene fracasados y autodestruidos. Los resultados del cambio de paradigma –erradicación manual voluntaria y programas de salud y pedagogía para mitigar el consumo– solo se pueden ver en el largo aliento y con la voluntad de las partes.

Así como 100 años de prohibición nos han evidenciado que por ahí no es, lo razonable sería darle un tiempo prudencial al camino alternativo y pensar dos veces si realmente estamos dispuestos a morir por envenenamiento voluntario.

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