María Sol Navia V.
columnista

Constitución: luces y sombras

Se consagraron normas que generaron dificultades, la principal fue la prohibición de la extradición. 

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
julio 08 de 2021
2021-07-08 07:00 p. m.
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La constitución de 1991 nació con la expectativa de establecer correctivos a muchos males de nuestro país, como la violencia que enfrentábamos con 4 candidatos presidenciales asesinados, la penetración del narcotráfico, la corrupción y buscar una apertura política y democrática, entre otros.

La realidad de sus resultados ha sido variopinta y no puede señalarse de muy satisfactoria en todos los frentes. Mirando aspectos positivos debemos señalar como uno de los más importantes la independencia del Banco de República, que ha garantizado un manejo técnico de la economía y la hacienda pública, logro que es clave defender de un gobierno populista que pretenda manejarlo a su antojo y hundir al país, como Venezuela. Otra norma novedosa estableció que los servicios públicos pueden ser prestados por el Estado, comunidades organizadas o por particulares, que fue desarrollada principalmente por la ley 142 de 1994, ha permitido que el cubrimiento de servicios públicos se haya ampliado de forma muy importante. Igualmente se garantiza la propiedad privada y la libre actividad económica e iniciativa privada, dentro de los límites del bien común, lo cual define el modelo económico liberal y permite intervención del Estado en su reglamentación, otro fundamento de nuestra institucionalidad que es necesario defender de las amenazas populistas.

De la misma manera se establecieron claramente derechos fundamentales y la tutela como mecanismo ágil para su exigencia, sin embargo, este mecanismo legal, que ha tenido logros importantes, se ha prestado para abusos, como los casos del uso de la “tutelaton” creando caos en la justicia, por lo que, sí es conveniente mantenerla, pero establecer límites y reglamentación.

Al mismo tiempo se consagraron normas que generaron dificultades, la principal de las cuales fue la prohibición de la extradición, como producto de corrupción o miedo de los constituyentes, lo cual fue un vergonzoso e inmenso lunar.

La apertura política, que era necesaria, se prestó a la reglamentación posterior del esquema electoral, y a la creación de las microempresas electorales, desdibujó los partidos políticos, que con fallas o no, construyeron nuestra institucionalidad y el estado de derecho; junto con la descentralización permitió la cooptación de muchas administraciones locales y regionales por parte de grupos delincuenciales aliados con políticos, que yo no llamaría políticos, sino delincuentes que encontraron en el saqueo del estado la forma del enriquecimiento. Esta es otra de las graves fallas que necesita corregirse, pues el desborde de grupúsculos y candidatos exige costos muy altos de campaña, que son repagados con corrupción en contratos y cargos.

La fiscalía, generó grandes esperanzas, y aunque muchos funcionarios, congresistas, narcotraficantes, contratistas corruptos han sido penalizados, la realidad es que Colombia ocupa el puesto octavo entre 59 países medidos en el índice de impunidad y la justicia funciona mal, incluidos escándalos como el cartel de la toga y fallos con tintes claramente políticos o parcializados, donde se percibe corrupción.

María Sol Navia V.
Exministra

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